La foto es todo un ícono de la historia argentina. De traje oscuro, con su mejor sonrisa, Juan Domingo Perón levanta los brazos, saluda feliz. A su lado, el sindicalista José Ignacio Rucci levanta el paraguas con el que cubre al general de la lluvia hacia el cielo. Es un festejo esperado por años, por 17 años. Es el regreso de Perón a la Argentina, el primer regreso después del exilio que comenzó en 1955. A 50 años de la vuelta del fundador del PJ, el peronismo celebra este jueves el Día del Militante, que tendrá el acto de Cristina Kirchner en La Plata como principal foco de atención.

El avión de Alitalia que traía a Perón desde Europa aterrizó a las 11 de la mañana del 17 de noviembre de 1972. Perón había anunciado el regreso el 17 de octubre, la fecha más importante de la liturgia peronista.

Atrás quedaba el golpe de Estado de septiembre de 1955, la partida de Perón en barco al Paraguay, los fusilamientos de José León Suárez, la cárcel y la prohibición de dirigentes obreros y militantes. También la alternancia entre gobiernos civiles y militares con una mayoría impedida.

El marco del regreso era una Argentina convulsionada. El viaje del presidente derrocado en 1955 por la Revolución Libertadora fue posible porque Agustín Lanusse, entonces presdidente de facto, entendió que el malestar social y el crecimiento de la guerrilla lo obligaba a hacerlo como gesto hacia la pacificación nacional.

“Lanusse llegó a la conclusión –explica el historiador Norberto Galasso– de que había que buscar una negociación con Perón, que ya no se podía sostener la proscripción. Intentó que Perón aceptara volver pero sin ser candidato, ya que él pretendía ser el candidato institucional, y como gesto de buena voluntad le devolvió los restos de Evita y convocó a elecciones para 1973, siempre apostando a que no fuera candidato”.

Perón y parte de la comitiva que lo acompañó. A su izquierda está el fubolista Sanfilippo. 


Perón no resistió la continuidad de la proscripción por otros medios, según Felipe Pigna porque entendió que lo mejor era que "la transición, que iba a ser muy dura, muy difícil, estuviera a cargo de una persona de su absoluta confianza". Así nació la candidatura de Héctor Cámpora.

El regreso de Perón, igualmente, era el acontecimiento político excluyente de aquel tiempo. En el vuelo chárter viajaron 153 personas, entre artistas, deportistas, científicos, sacerdotes, músicos y dirigentes sociales, sindicales y políticos, alguno de ellos de tendencias contrapuestas e incluso enfrentadas. Algo así como la cristalización de aquella máxima del general de que más allá de las diferencias "peronistas somos todos".  

Formaron parte de la delegación el sacerdote Carlos Mujica, el historiador José María Rosa, el cantante Hugo del Carril, los sindicalistas José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel, el futbolista José Sanfilippo, la escritora Marta Lynch, la actriz Chunchuna Villafañe, el cineasta Leonardo Favio, el médico Raúl Matera y la cantante Marilina Ross, entre muchos otros.

“La gente que acompañó a Perón en el chárter que lo trajo a Buenos Aires era muy variada, del arte, de la cultura, de la ciencia. Buscaban, de alguna manera, protegerlo ante los rumores, para nada infundados, de que pudiera sufrir un atentado. Esto era mucho más difícil que lo hicieran con toda esa gente que lo acompañaba”, recreó Pigna.

Para el historiador, la delegación “daba cuenta también de un testimonio de compromiso político y de no perder la oportunidad histórica de acompañar a Perón en su regreso al país después de tantos años de exilio y proscripción. Fue un hecho cultural, político e histórico sumamente importante”.
 

Perón aceptó no ser candidato a presidente. La transición quedó a cargo de Héctor Cámpora.

Además, una movilización popular acompañó en las calles y miles intentaron llegaron hasta Ezeiza. Se encontaron conque el Ejército no permitía llegar al Aeropuerto. "Pero la militancia se las ingenió para llegar, incluso cruzando a nado el río Matanza”, recordó Galasso.

Para Pigna “lo que se vivía era un clima de mucha incertidumbre. El centro de la escena estaba en la Autopista Richieri, en el camino a Ezeiza. Era un día lluvioso, complicado, donde las Fuerzas Armadas habían hecho un dispositivo de cierre del Aeropuerto, por lo que desde muchos kilómetros antes no se podía acceder”.

“Además, había que atravesar el río Matanza, por ejemplo, con un día lluvioso, con mucho viento, y la gente fue igual, a pesar del riesgo de vida que suponía tener enfrente a los militares armados hasta los dientes”, agrega. Y concluye: “Por eso se lo recuerda como un acto de entrega, de obstinación, de compromiso absoluto, algo que se expresó claramente aquel día”. El Día de la Militancia
 

Desde Ezeiza, Perón se trasladó a una casa que había comprado el Partido Justicialista en Gaspar Campos 1065, en Vicente López, muy cerca de la quinta presidencial. “Se empieza a aglomerar gente alrededor de la casa y a cantar: ‘la Casa de Gobierno cambió de dirección / está en Vicente López por orden de Perón’. Entonces Perón sale varias veces a saludar a la multitud”, evocó Galasso, autor en 2005 de los dos tomos de “Perón”.


Perón estuvo en Gaspar Campos 27 días, ya que después iniciaría un periplo por Paraguay y Perú, antes de regresar de nuevo a Europa. Durante aquel período sentó las bases de lo que ocurría en los meses subsiguientes. Así, se definió la fórmula Cámpora-Solano Lima para los comicios generales que se realizarían el 11 de marzo de 1973.

Para Pigna otro de los hechos salientes de aquellas jornada fue el encuentro “del General con la juventud”, “un sector absolutamente novedoso en la militancia partidaria”. “Un sector nuevo que copó Vicente López, y particularmente la calle Gaspar Campos, dándole un folclore muy particular, con cantos y consignas”.

Además, el historiador recordó que el líder peronista se reunió “con dirigentes políticos de todos los signos, fundamentalmente con Ricardo Balbín, encuentro que tenía un objetivo muy preciso para Perón, que era que el radicalismo se comprometiera a no tolerar la proscripción del peronismo y que si este no participaba en las elecciones la UCR tampoco lo hiciera”.

Perón junto al líder radical Ricardo Balbín.


“Fue un encuentro entre dos personas que tenían bastante para reprocharse, ya que Balbín había estado preso durante el peronismo un largo tiempo y Perón había sufrido un golpe de Estado en el que Balbín y el radicalismo habían tenido muchísimo que ver. Sin embargo, fue un diálogo cordial, de encontrar puntos de coincidencia, para sacar al país del atolladero en el que estaba”, agregó.

La ida y la vuelta

  

Entre la ida de Perón en diciembre de 1972 y su regreso definitivo en junio de 1973 los hechos fueron vertiginosos. El 11 de marzo la fórmula Cámpora-Solano Lima ganó las elecciones con el 49,5% de los votos; el 20 de junio se produjo la llamada “Masacre de Ezeiza”, cuando sectores de la derecha peronista atacaron a militantes identificados con la Juventud Peronista que participan del retorno definitivo de Perón al país.

Además, el 13 de julio Cámpora presentó su renuncia para permitir nuevas elecciones; y el 23 de septiembre la fórmula Perón-Perón obtuvo el 61,85 % de los sufragios, dando lugar a la tercera presidencia de Perón, que se interrumpirá con su muerte el 1 de julio de 1974.

Así, el 17 de noviembre de 1972 clausuró una etapa dominada por la proscripción y persecución del peronismo, abrió el camino para el retorno de una democracia más amplia y plural y marcó un hito en la historia de Juan Domingo Perón