Al frente de la primera mañana de Radio 2 desde hace varios años ya con Radiópolis, de lunes a viernes, de 6 a 9 de la mañana, a Roberto Caferra le toca la tarea de preparar al oyente para que arranque su día. Contar qué pasó y qué pasa afuera, antes de salir de casa, camino al trabajo o a la escuela con los chicos. Estar listo para enfrentar la calle en el primer mate.

Lo hace con un gran equipo de profesionales: Evelin Machain (Política e Información general), Agustín Lago (Policiales), Mariano Galíndez (Economía y Negocios), Alejandro Cachari (Deportes), Eugenia Iérmoli (Espectáculos), Jessica Caballero y Sandra Ortolá (Locución) Araceli Colombo, Lisandro Leoni y Melina Santi (Producción general), Ariel Borderi y Fernando Carrafiello (Exteriores), Marcelo Quiroga, Carlos Sforza y José Bianchi (Técnica y controles), Andrea Mackowiak (Servicio Informativo) y las corresponsalías especiales desde Santa Fe de Ivana Fux, de Luciana Geuna desde Buenos Aires. Y lo hace cual director de orquesta, con climas, ritmos, cadencias y silencios.

En medio de una Rosario convulsionada, atravesada por la violencia, y un país que parece estar siempre en crisis, Radiópolis busca darle algo de sentido a ese caos, sin perder humor, afecto ni cercanía. “Para que nunca nadie se sienta solo si tiene una radio cerca”, dice Caferra.

Caferra: "La radio es una pasión que te atrapa y no te suelta". (Foto: Alan Monzón / Rosario3.)

–¿Qué significa la radio para vos?

 

–Hoy la Radio es mi trabajo, lo que me impulsa a levantarme antes que salga el sol desde hace 30 años. Mi trabajo, mi ingreso económico, mi posibilidad de sentir que mi familia tiene alguna certeza.  Pero además es un oficio hermoso, una pasión que te atrapa y no te suelta. Nunca te suelta.

Hice todo y hago todo. Desde el detalle más pequeño de la producción,  levantar técnicamente una antena, crónicas desde un móvil desvencijado, cosas horribles y otras muchas hermosas, o dirigir una programación líder como Radio 2 hace 10 años. 

–¿Cuál es el desafío de hacer radio hoy?

 

Contar lo que pasa de la manera que pasa. Pintar la aldea que te toque. Comunicar lo que pasa en el lugar donde se vive.

Hago radio para desnudar la ciudad y el lugar que amo. Intentar dar una humilde pincelada a esa pintura. Y ayudar a alguien con esos relatos. Encontrar las palabras más justas y buscar el mejor sonido para identificar al que escucha. Que nunca nadie se sienta solo si tiene una radio cerca.

–¿Cuál fue tu primera experiencia de radio?

 

Desde siempre. Recuerdo tener 8 años cuando mi viejo me regaló un radiograbador. Escuchaba programas de radio que no entendía y grababa de todo. Me fascinaba la idea de atesorar palabras dichas por otros hace un instante atrás. Archivar programas de ayer era un pase de magia.

Recuerdo un relato de Pablo Zaro que atesoré durante años, un gol de cabeza de Bauza. Y los programas de Poli Román. Cuando estaba en primer año del colegio ponía la radio debajo de la almohada, apoyaba la cabeza y me dormía escuchando a Corvalán simulando a un locutor centroamericano.

En la mesa con Sandra Ortolá, Evelin Machain y Juan Cruz Funes. (Foto: Alan Monzón / Rosario3.)

La radio se te mete en la vitalidad, te enseña palabras, tonos. Y te abre un mundo ilimitado a la imaginación. Soy eso de “la imaginación al poder”. La Radio es Dios.

Entré a trabajar a los 18 años para aprender de ellos, Aliverti, Badia, Suriani, Chiabrando, Sietecase, Feldman, Gianserra, Dibert, Bazan, Pili Ponce y sobre todo a esa enorme generación de Rock&Pop (Lalo Mir, la Negra Vernaci, Bobby Flores, Pergolini): hice una hermosa carrera viéndolos en acción. De principio hasta acá. Aunque sin pudor digo que los escuché a todos, todos.

Recuerdo una anécdota de pibe en los pasillos de la vieja LT8. El flaco Daneri, un locutor muy cabrón, eminencia tanguera con voz de caverna.  “En este lugar tene cuidado porque esta llenos de hijos de puta”, era como una voz gutural alertando de los peligros de la vida misma. 

–¿Cómo es hacer radio hoy en la primera mañana, con una agenda por actualizar y al mismo tiempo “compitiendo” con otras plataformas de actualización inmediata, como las redes sociales?

 

Las noticias son acontecimientos que suceden y pueden afectar negativa o positivamente a las personas que escuchan el programa. Pero yo hago radio como si fuera un director de orquesta. Entiendo de sonidos y hago el programa como si fuese una sinfonía. Hay tensión, sorpresa, amabilidad, belleza, pero también mugres o sonidos dolorosos. La vida misma. Y el compromiso de la opinión, el solista que agarra el instrumento e intenta intensificar un episodio de la obra.

A veces extraño el silencio. Sentimos la necesidad de estar todo el tiempo diciendo algo interesante o importante.  Por eso que decís: la actualización inmediata de la info. A veces el silencio hace un aporte irremplazable. En todo pentagrama el silencio es un momento donde algo se prepara. El silencio es calma pero también un grito violento. 

Con respecto a la noticia somos privilegiados. Trabajamos con grandes periodistas. Todos tienen la mejor data. Llega o la vamos a buscar, pero nunca vamos a desconocer lo que pasa. En la micro periodística es muy raro que nos cuenten lo que está pasando: casi siempre es al revés.

–¿Cuál crees que es el fuerte de Radio 2?

 

Lo más fuerte que tiene la radio son sus recursos humanos. Eso es irreemplazable. Sus locutores, periodistas, operadores, productores, cronistas, la logística técnica y humana que permite que entremos a un estudio como si fuera el living de tu casa.

Una radio que da noticias, opina y se compromete con ellas, cuenta las historias de su gente, de su ciudad, necesita de voces que comuniquen, sean creíbles y atractivas de escuchar. Si tenes eso, tenes el mejor puente con la noticia y los oyentes.