Un equipo de astrónomos logró develar los secretos de uno de los mundos más extraños jamás encontrados: un planeta con consistencia esponjosa, como de golosina masticable, temperatura infernal y una atmósfera con "joyas" incrustadas. Gracias a datos del telescopio James Webb se logró mapear en 3D la atmósfera de WASP-17b, un Júpiter ultrainflado y abrasador.
WASP-17b tiene una masa de aproximadamente 0,8 veces la de Júpiter, pero es casi el doble de ancho que el gigante de nuestro Sistema Solar. Esa combinación le da una densidad bajísima, ultra esponjosa, comparable a la de un dulce, según publicó el sitio especializado Space.com tras un estudio publicado en la revista Nature Astronomy.
Es lo que los astrónomos llaman un "Júpiter caliente". Está tan cerca de su estrella que completa una vuelta en menos de cuatro días terrestres. Esa proximidad lo deja anclado gravitacionalmente: siempre muestra la misma cara a su sol. Una mitad vive en un día eterno y abrasador, bombardeado por radiación, mientras la otra permanece en una noche perpetua y más fría.
“Los planetas son temperamentales, sus atmósferas complejas y caóticas”, dijo Hannah Wakeford, de la Universidad de Bristol, parte del equipo. “El hecho de que todos estos datos coincidieran y nos mostraran esta imagen tan estructurada y dinámica de este mundo gigante a más de 1.000 años luz de distancia fue realmente emocionante”.
El gran salto fue técnico. En lugar de analizar la atmósfera como un promedio borroso, los científicos aplicaron una nueva técnica llamada cadenas de transmisión. La idea es simple y potente: observaron a WASP-17b justo cuando transitaba frente a su estrella, y midieron la luz que se filtra por el borde de su atmósfera, el limbo, desde diferentes ángulos. Así pudieron construir un modelo tridimensional real.
Y lo que vieron no era un círculo perfecto. “En lugar de asumir que la atmósfera es un círculo con el mismo radio en toda su circunferencia, nuestra técnica permite obtener diferentes distancias desde el centro hasta el borde del planeta”, explicó Lili Alderson, de la Universidad de Cornell. “Podemos recorrer el borde”.
El resultado: la atmósfera tiene forma de anillo, pero no es lisa. Tiene protuberancias, como gemas que se elevan del anillo. "Así pues, hemos pasado de un anillo a comprender dónde se encuentran las piedras preciosas en el anillo, por así decirlo”, agregó Alderson.
Esas "joyas" aparecen donde los vientos cálidos del lado diurno chocan en el ecuador con la zona nocturna, provocando que la atmósfera del lado más frío se expanda. El modelo confirma lo que la teoría predecía: hay una gran diferencia química y de temperatura entre la mañana y la tarde del planeta. “La teoría predice que debería haber una gran diferencia de temperatura entre el lado de la mañana y el de la tarde, y WASP-17b encaja perfectamente en esa tendencia, prácticamente igual a lo que pensábamos que sería”, señaló Alderson.
Un paso clave para otros mundos
Para los investigadores, el éxito con WASP-17b abre la puerta a estudiar en 3D las atmósferas de los más de 6.000 exoplanetas que hoy figuran en el catálogo de la Nasa. “Esto demuestra que los planetas son, de hecho, objetos tridimensionales y que, de forma consistente, al orbitar alrededor de su estrella, sucede lo que predecimos”” concluyó Alderson. “Ir más allá de los ejercicios computacionales y verlo en la realidad es otra cuestión”.