Remiendos, ruedos, alargues. Sacar de ahí, poner allá, retirar, cortar. Extender, doblar, armar. El trabajo de modistas y cosedores se realiza casi siempre puertas adentro para los vecinos más cercanos del barrio, quienes boca a boca se pasan direcciones y teléfonos. Sin embargo, el crecimiento de la ciudad, la virtualización de las relaciones personales y los nuevos códigos laborales crearon la necesidad de renovar el vínculo entre quienes arreglan y crean prendas con los potenciales clientes. Es por eso que en noviembre pasado la escuela de Diseño y producción textil municipal inició la confección de un mapa público digital de costureras, modistas y sastres de los distintos barrios bajo el nombre Las Cosedoras de Rosario.

Bajo el lema “Sin costureras no hay ropa”, este viernes 15 de mayo el mapa será presentado en medio de una jornada que celebra los 15 años de la escuela municipal desde las 17 en el Cultural Fontanarrosa, con propuestas para recorrer, intervenir prendas, compartir y ser parte de una experiencia colectiva y creativa.

El proyecto nació a partir de una necesidad concreta detectada durante años por la institución. “Siempre recibíamos consultas de personas que nos preguntaban si conocíamos diseñadoras, emprendedoras, costureras o sastres. Ahí vimos la necesidad de empezar a organizar esa información y diferenciar qué hace cada persona dentro del rubro textil”, explicó Darío Ares, coordinador de la Escuela de Diseño y Producción Textil en diálogo con Rosario3.

 El trabajo de la cosedora suele ser solitario.

“Empezamos a reflexionar que el trabajo de la costurera es un trabajo muy en solitario, de puertas adentro e invisibilizado. Y también entender que sin costura no hay ropa y sin ropa no hay diseño”, señaló Ares.

El mapa funciona como una guía pública donde vecinos y vecinas pueden encontrar profesionales textiles según el tipo de servicio que realizan: arreglos, confección a medida, bordados, reparación de prendas o sastrería. Además de facilitar el acceso a estos oficios, el proyecto busca fortalecer la economía local y promover prácticas de consumo responsable y economía circular mediante la reutilización y reparación de prendas.

Actualmente, el relevamiento cuenta con datos verificados de 297 personas distribuidas en todos los distritos de Rosario. Según los datos obtenidos, el distrito centro concentra la mayor cantidad de trabajadoras y trabajadores textiles, aunque el distrito sur también presenta una fuerte presencia de modistas, costureras y reparadoras.

Los datos relevados también permitieron conocer algunas características del sector:
• El 57,1% de las personas registradas se identifica como costurero/a y el 42,6% como modista.
• Entre el 70 y el 80% trabaja desde su hogar.
• Casi la mitad combina arreglos y confección.
• Más del 40% cuenta con formación técnica formal, aunque también aparece con fuerza el aprendizaje heredado de manera familiar.

Muchas costureras trabajan desde sus casas, en sus livings, y su promoción muchas veces queda limitada a la mercería del barrio. Lo que buscamos es darles una escala más grande, una escala de ciudad”, destacó el coordinador.

Uno de los datos que más llamó la atención durante el relevamiento fue la escasa presencia de sastres dentro de la red. “Solo aparece una sastra registrada, aunque sabemos que existen otros espacios históricos de Rosario dedicados a la sastrería. Es un oficio que quedó muy exclusivo y donde quizás no hubo continuidad en la formación o todavía no conocen la posibilidad de sumarse a esta red”, agregó.

Un mapa que teje una red

Las Cosedoras de Rosario busca convertirse en una herramienta viva y en permanente crecimiento. El formulario de inscripción continuará abierto en rosario.gov.ar para incorporar nuevos perfiles y actualizar información cada tres meses.

Además del mapeo, el proyecto contempla futuras capacitaciones, encuentros e instancias de intercambio entre trabajadores textiles. Entre junio y julio se desarrollará “Materia Viva – Edición Cosedoras”, un ciclo intensivo de formación con encuentros semanales sobre moldería, armado de cuellos, limpieza de máquinas, moulage, bordado en pedrería y sublimación textil, entre otras temáticas.

El objetivo principal no es solamente ofrecer contactos de servicios, sino construir comunidad y revalorizar un oficio históricamente invisibilizado. “La idea es conectar personas, generar redes de apoyo y poner en valor un trabajo fundamental para la industria textil y para la vida cotidiana de la ciudad”, concluyó Ares.