La lluvia llega puntual, a las 16.15, justo en el momento en que se inicia la quinta Marcha federal universitaria en Rosario. La cabeza de la columna lleva la bandera con la consigna que une las tres patas de la movilización: “Por la educación, la soberanía y la democracia”. Bajo ese paraguas (en este caso literal), se agrupan las diversas demandas al gobierno nacional. La principal es que Javier Milei cumpla con la ley de financiamiento universitario, ultrarratificado en el Congreso, la Justicia y las calles. También por la ley de tierras que ya quedó ligada al reclamo histórico por Malvinas. De hecho, el trapo mundialista “Las Malvinas son Argentinas” interviene la barredora del frente y resume esas capas que se manifiestan todas juntas.
Esa unidad lleva el nombre de Multisectorial, que integra a la Universidad Nacional de Rosario (UNR), gremios de profesores, no docentes, estudiantes, organizaciones sociales y políticas. A pesar del tiempo que no se decide –de golpe sale el sol, vuelven las nubes, hace frío, sol con lluvia– unas 50 mil personas se suman a denunciar la ilegalidad de la gestión libertaria que aplasta la educación pública y la ciencia. Es una masa decidida que, sin la intervención de policías ni infiltrados, como ocurre en paralelo en Buenos Aires, reclama de forma pacífica “lo obvio”.
“¿Por qué participo? Es obvio. Parece mentira que hay que explicar que defendemos que se cumpla una ley que se votó seis veces”, dice a Rosario3 el actor Darío Grandinetti y sigue: “Este gobierno es un mamarracho, no respeta nada ni cumple ninguna ley, tampoco la de discapacidad”.
El veterano de guerra Julio Más se suma: “Cuando la gente no da más hay que tomar una postura y nosotros estamos al lado del pueblo por la soberanía de Malvinas, de nuestras tierras y con los trabajadores, los desocupados, los jubilados y la universidad”.
“Estamos furiosos”
El secretario general de la UNR, Guillermo Montero, en la columna principal, describe el impacto de un ajuste sostenido durante tres años: “La situación es espantosa. Queremos pensar en el futuro, en la Argentina que soñamos, pero con este presupuesto no vamos a poder seguir con muchas actividades. El estado de la universidad es desesperante y también los salarios de los trabajadores, que fueron recortados un 30% en promedio”.
“Se pone voluntad para sostener pero hay un límite. No podemos seguir así y estamos furiosos porque da bronca pensar que da lo mismo cumplir con las leyes o no”, sigue.
De esos límites habla también Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socioambiental (InSSA) que depende de la UNR. No puede evitar su formación de médico para explicar la crisis actual: “Somos como un cuerpo que se desangra. Lo primero que sufre son las extremidades. Se mantiene el cerebro funcionando pero el resto se pierde”, dice para graficar la paralización de las investigaciones y de los programas que hacen acciones concretas en el territorio con la idea de sacar la Universidad de las aulas.
Su trabajo comprobó el daño a la salud de la población y la contaminación que generan los agrotóxicos en la región. Continúan, o tratan de continuar, con una Clínica Ambiental en las islas, pero tampoco les alcanza el salario propio para financiar sus desplazamientos como antes. Compara ese panorama con la ofensiva realizada en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) contra el trabajo sobre plaguicidas de Virginia Aparicio. El mismo recorte recayó sobre las áreas de agroecología de Inta Oliveros, por ejemplo. “No es cierto que se deja de investigar en el país, se deja de investigar lo que no le sirve a las corporaciones o las pone en tensión. Por eso el ataque contra la universidad y la ciencia”, define.
Los carteles y la precarización
La marcha avanza rápido por San Luis para unir la plaza San Martín con el Monumento. Cada tanto se detiene. Una chica le muestra a una amiga una foto de un cartel que sacó con su celular: “La Universidad me permite estudiar lo que amo”. Son muchos los mensajes en formatos diversos. Algunos directos: “Con fascismo no hay patria” o “Universidad pública y gratuita” o una pregunta repetida “¿Por qué tanto miedo de educar al pueblo?”. Otros más ingeniosos: “Milei no es tu ley, es la ley, cumplila”. También: “Que ser educado no implique quedar endeudado”.
Las condiciones materiales de vida asoman por todos lados. Los no docentes le ponen cifras. “Desde diciembre de 2023, tuvimos un aumento promedio de 6 o 7 por ciento por año. Hay un gran desfasaje con las tarifas de algunos servicios que subieron hasta mil por ciento. Es una situación límite”, dice Pedro, que trabaja en la Sede de Gobierno de calle Maipú.
Las categorías van de la 1 a la 7. Él está entre las mejores pagas y con antigüedad llega a los 1,8 millones de pesos pero Evelin, que camina a su lado, aclara que los trabajadores de menor escalafón parten de 700 mil.
–No alcanza y tenemos que buscar otro trabajo –dice ella.
–Yo también, eh –avisa él.
50 mil personas y una estrella culona
La marcha es heterogénea. Al frente se notan más dirigentes, profesores, familias y amigos con mates o bicicletas. En la segunda mitad, después de cinco cuadras nutridas, llegan los centros de estudiantes con todo su color, ruido de batucadas y energía. Los cantitos cambian según la orientación política. “Traigan al gorila de Milei para que vea…” muta a “traigan al fascista de Milei para que vea”, según las cercanías con el peronismo o la izquierda. Pero el reclamo es uno solo, o varios compartidos.
Además de las facultades, están los chicos y las chicas del Politécnico y del Superior de Comercio. Toto tiene 17 años y ya definió que quiere estudiar derecho en la UNR el año próximo. Dice que no lo asusta el clima de desfinanciación: “No, yo tengo altas expectativas. Desde la escuela, el Superior, nos han dado toda la contención y yo creo que la gente nos va a apoyar ahora y en el futuro”. Habla con una sonrisa. Las voces del optimismo salen de ahí abajo.
Cerca de las 18.15, dos horas después del inicio de la marcha en la plaza San Martín, llegan las últimas columnas al Monumento con los partidos políticos. Desde Ciudad Futura y el Frente Amplio por la Soberanía (FAS) calculan que salieron de la otra punta después de la lluvia intensa, cerca de las 17, es decir 45 minutos después de los primeros.
Gonzalo García, titular del área de prensa y comunicación institucional de la Universidad, cruza datos obtenidos desde el aire con los drones y con el ojo entrenado de los organizadores de eventos. Estiman entre todos unas 50 mil personas, y entre 13 y 15 cuadras de movilización.
Por calle Córdoba baja entre la multitud una persona con el disfraz de la estrella culona, una de las joyas del streaming del Conicet desde las profundidades del mar. Otra prueba de que la ciencia interesa y nutre a miles. En el escenario de espaldas al río y frente al Monumento, las dos locutoras celebran la concurrencia y leen el documento consensuado.
“Este gobierno vino a romper un consenso fundamental de la sociedad argentina que siempre creyó en la educación. Es una política pública que ha sido sostenida por gobiernos muy distintos. El reflejo de esta decisión es el presupuesto presentado por el gobierno, el más bajo de la historia en materia educativa, menos del uno por ciento del PBI”, dice el texto federal.
“La universidad pública es una herramienta fundamental de justicia social, movilidad social ascendente y construcción de soberanía nacional”, afirma el comunicado y cita algunos datos: “La pérdida del poder adquisitivo de programas fundamentales como las Becas Progresar, cuyos montos se mantienen congelados en 35 mil pesos desde el año 2024”.
“El presupuesto para las universidades nacionales debería incrementarse un 33,4% respecto del proyecto de ley de presupuesto presentado por el Ejecutivo nacional”, sigue y cierra: “Sin educación pública, sin profesionales de excelencia y sin desarrollo científico soberano, no existen posibilidades reales de consolidar un país con equidad, autonomía y desarrollo social”.