El caso de Oscar, el hombre con Alzheimer que salió en el auto de su hija, se desorientó y permaneció unas 15 horas desaparecido hasta que fue encontrado cerca de General Lagos, abrió en De boca en boca, por Radio 2, una conversación más amplia: ¿cómo deben actuar las familias cuando una persona comienza a perder autonomía y cuáles son las señales que indican que un olvido dejó de ser algo cotidiano?
La neuróloga Belén Martín Escandell, especialista en clínica de la memoria del Instituto de la Fundación Favaloro, explicó que este tipo de episodios de desorientación son frecuentes en personas con demencia. “Pierden noción por ahí del tiempo, quieren salir o dicen «me voy a mi casa» cuando no reconocen que están en su propia casa”, señaló. También puede ocurrir que quieran dirigirse a lugares que ya no existen o buscar a familiares que murieron hace tiempo.
La especialista marcó una diferencia fundamental entre el deterioro cognitivo leve y la demencia. En el primer caso, la persona todavía conserva su funcionalidad y puede, por ejemplo, manejar su medicación o sus finanzas. “Cuando eso se empieza a perder, ya estamos hablando de una demencia”, explicó. En esas etapas, recomendó que la persona permanezca acompañada la mayor cantidad de tiempo posible.
No todo olvido es Alzheimer
Escandell remarcó que Alzheimer y demencia no son sinónimos. El Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, pero no todas las demencias responden a esa enfermedad. Para establecer específicamente el diagnóstico de Alzheimer pueden utilizarse estudios que permiten detectar depósitos de proteínas beta amiloide y tau, mediante técnicas de imágenes y análisis de líquido cefalorraquídeo o sangre.
También diferenció los olvidos cotidianos de aquellos que deberían generar una consulta. Olvidarse circunstancialmente del nombre de una persona o de un actor y recuperarlo después puede considerarse un “olvido benigno”. También pueden influir el estado de ánimo, la falta de atención o dormir mal. “No todo va a ser una demencia”, aclaró.
El problema aparece cuando los olvidos comienzan a afectar fundamentalmente la memoria reciente: repetir varias veces la misma pregunta, contar reiteradamente una historia, olvidarse de turnos médicos o compromisos y, sobre todo, perder la orientación en trayectos conocidos.
“Que la persona se empiece a desorientar, que no sepa cómo volver a su casa o cómo volver de un lugar donde hace habitualmente el recorrido, esas cosas sí nos tienen que empezar a llamar la atención”, explicó.
Con respecto a la situación de Oscar, y ante la consulta sobre si una persona con Alzheimer puede manejar, la respuesta fue contundente: “Lo recomendable es que no”.
La neuróloga explicó que alguien puede conservar todavía la capacidad mecánica de conducir y desenvolverse incluso en recorridos cortos del barrio, pero perder la orientación de manera imprevista.
“Capaz que en vez de ir al mercado de la esquina agarra y se va para otro lado”, ejemplificó, vinculándolo con situaciones como la que atravesó Oscar.
En las actividades que aún puede realizar solo, la especialista aconsejó encontrar un equilibrio entre autonomía y seguridad. En trayectos cortos, por ejemplo, puede mantenerse cierto margen de independencia pero con supervisión, porque quitar de golpe todas las actividades también puede afectar emocionalmente al paciente.
Una de las situaciones habituales aparece cuando una persona dice que quiere “volver a su casa” aunque ya se encuentre allí. ¿Hay que explicarle una y otra vez que está equivocada? Martín Escandell aconsejó lo contrario.
A medida que las demencias avanzan pueden producirse cambios conductuales, irritabilidad e incluso episodios de agresividad. Contradecir frontalmente a una persona que está convencida de algo puede aumentar ese malestar. La estrategia correcta sería cambiar el foco, proponer otra actividad o llevar la conversación hacia otro tema.
“Lo ideal es no confrontarlos”, sintetizó. Repetirles “esto ya te lo dije” o discutir para demostrarles que están equivocados puede incrementar la irritación e incluso generar angustia durante momentos de mayor lucidez.
Cuidado compartido
La especialista advirtió además sobre un problema que afecta directamente a las familias: la sobrecarga del cuidador.
Atender durante todo el día a una persona que repite preguntas, necesita supervisión constante o presenta cambios de conducta puede generar cansancio, irritación y enojo en quien asume prácticamente solo esa tarea.
“La idea es que el cuidado sea compartido, que no esté siempre todo el día con la misma persona”, sostuvo Martín Escandell.
Por eso también consideró importante trabajar específicamente con las familias. En su práctica, explicó, suele recibir primero al paciente acompañado y luego mantener encuentros a solas con sus familiares para explicar cómo responder ante las distintas situaciones que pueden aparecer en la vida cotidiana.
La neuróloga también dio una recomendación para quienes se encuentran en la calle con una persona mayor que parece perdida o desorientada.
Lo primero es intentar comprobar si lleva alguna identificación o documento y comunicarse con la policía para poder localizar a su familia. Si tiene celular, también puede buscarse algún contacto de emergencia que permita dar aviso rápidamente. “Es importante que tengan alguna identificación”, remarcó.
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