Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado un ataque militar coordinado contra Irán, en lo que representa un episodio sin precedentes en la historia reciente de Oriente Próximo. Según informaron autoridades de ambos países, la ofensiva tuvo como objetivo instalaciones estratégicas y altos mandos del régimen iraní, en el marco de una operación que, de acuerdo con declaraciones oficiales, busca debilitar de manera decisiva al gobierno de los ayatolás.
De acuerdo con corresponsales militares israelíes, la primera oleada de bombardeos estuvo dirigida contra integrantes de la cúpula política y religiosa iraní, entre ellos el líder supremo, Ali Jameneí, y el presidente Masoud Pezeshkian. Hasta el momento no se informó oficialmente sobre su situación. Tras los ataques, Irán registró cortes de comunicación telefónica y de internet en distintas zonas del país.
El presidente estadounidense, Donald Trump, definió la operación como “masiva” y sostuvo que el objetivo incluye la neutralización de la capacidad militar iraní, así como de su programa nuclear y de misiles. También instó públicamente al pueblo iraní a “tomar el poder” una vez finalizada la ofensiva.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní afirmó que el país “no dudará” en responder y comenzó a lanzar misiles y drones contra territorio israelí y contra bases militares de Estados Unidos en la región. Durante la jornada se reportaron explosiones en distintos puntos de Israel por la intercepción de proyectiles, así como en países vecinos como Líbano, Siria y Jordania.
Israel declaró el estado de emergencia y cerró su espacio aéreo, medida que también adoptó Irak. En Jerusalén sonaron sirenas antiaéreas de manera reiterada y las autoridades pidieron a la población permanecer en refugios. Hasta el momento se informó sobre heridos e impactos puntuales, sin un balance definitivo de víctimas.
También se registraron explosiones en Abu Dabi, en los Emiratos Árabes Unidos; en Kuwait; en Qatar y en Baréin. La agencia estatal bareiní reportó al menos tres detonaciones, una de ellas contra instalaciones militares estadounidenses en su territorio.
En un mensaje difundido en la red social X, la Cancillería iraní sostuvo que las Fuerzas Armadas “responderán de forma decisiva” y aseguró que el país estaba preparado tanto para negociaciones como para la defensa militar. Testigos citados por el medio español ElPais.com señalaron que en Teherán se escucharon varias explosiones en zonas cercanas a instalaciones consideradas sensibles, incluidas áreas vinculadas a programas militares y nucleares.
Un conflicto de larga data
El enfrentamiento se inscribe en una rivalidad de décadas entre Israel e Irán, que incluyó ciberataques, operaciones encubiertas y ataques indirectos a través de aliados regionales. Con esta ofensiva, Israel protagoniza su cuarto choque directo con Irán en los últimos dos años, aunque esta vez con participación estadounidense desde el inicio.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostuvo que la operación será “mucho más fuerte” que la iniciada en junio pasado y afirmó que su objetivo es “eliminar la amenaza existencial” que representa el régimen iraní. Según sus declaraciones, la campaña podría extenderse durante varios días.
Trump, por su parte, reiteró que Irán “rechazó toda oportunidad de renunciar a sus ambiciones nucleares” y advirtió sobre la posible “aniquilación” de capacidades militares iraníes si no se produce una rendición. Ambos mandatarios coincidieron en señalar que el resultado esperado es un cambio de régimen en Teherán.
En las últimas semanas se había registrado un incremento de la presencia militar estadounidense en la región, con el despliegue de aviones de combate y aeronaves de apoyo en territorio israelí. Asimismo, Israel reforzó sus sistemas de defensa antimisiles, entre ellos el Arrow 3, utilizado en enfrentamientos previos con Irán.
La escalada genera incertidumbre sobre su alcance y consecuencias en una región marcada por tensiones estructurales y conflictos abiertos. Analistas internacionales advierten sobre el riesgo de una guerra prolongada y de un eventual impacto regional más amplio, en un escenario donde múltiples actores estatales y no estatales mantienen alianzas cruzadas.