El médico pediatra y magíster en Sistemas de gestión y servicios de salud de la Universidad Nacional de Rosario, Alejandro Yacobitti, planteó en su libro “Bioética, ¿dónde estás?” (Editorial Eudeba) los dilemas morales que enfrenta la medicina moderna en busca de un camino hacia una práctica ética y humana. Se trata de sacar los debates a la calle y por fuera de lo estrictamente médico. Y en ese sentido el profesional propone abrir la deliberación en cuanto al fin de la vida, el consentimiento informado, el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en la medicina y el acceso equitativo a los tratamientos y medicaciones, entre otras.
Yacobitti trabajó en los tres niveles de atención de la salud y posee una vasta experiencia en la función pública. Hoy se desempeña como médico auditor en la Dirección de la obra social de la Universidad de Buenos Aires y es miembro activo del Comité de Bioética Asistencial del hospital El Cruce de Florencio Varela.
En un mano a mano con Rosario3, el especialista señaló que la Bioética es lo “opuesto” a las políticas libertarias del presidente Javier Milei. Destacó el “último” y “ejemplificador” debate por la despenalización del aborto en el país agregando que volver a discutirlo será "no prudente”. También apuntó que la sociedad argentina está “preparada” para discutir la eutanasia aunque -según cree- las condiciones políticas “no están dadas”.
-¿Cuáles son los dilemas morales de los que hablas en el libro?
-Son de los más variados. El libro tiene una pregunta: dónde está la Bioética y los dilemas morales que enfrenta la medicina moderna en busca de un camino hacia una práctica ética y humana, que excede lo médico. La pregunta es dónde está la Bioética para abordar el fin de la vida, el consentimiento informado, el uso de la IA en la medicina, el acceso equitativo a tratamiento médicos, la responsabilidad de las empresas farmacéuticas, o cuando hablamos de trasplantes que son los dilemas nuevos. Propongo que hay que sacar la Bioética a la calle, llevarla a la casa o la escuela. La idea es tomar la Bioética como herramienta de resistencia. Es una disciplina que se nutre de la Filosofía, la ciencia y la tecnología, y resulta que hoy la ciencia y la tecnología nos están pasando por arriba. Están en condiciones de ampliar la vida o que la IA tome decisión por nosotros. La Bioética es un espacio para poder reflexionar. No todo lo que podemos hacer, podemos hacerlo. La Bioética es constituir un plan, una motor para avanzar y un volante a conducir ya que si no tenemos un volante seguramente nos vamos a estrellar. Cuando hablamos de Bioética excede a la salud, es una disciplina multidisciplinaria y no un resorte exclusivo de los médicos. La comunidad debe estar involucrada en la toma de decisiones.
-¿La sociedad argentina está preparada para debatir un tema como la eutanasia?
-La sociedad está preparada, incluso hay una serie de proyectos presentados en la Cámara de Diputados. Pero hoy por hoy las condiciones políticas no están dadas. Estamos frente a una situación adversa donde lo ético está siendo despreciado. Nos estamos acostumbrando a normalizar la deshumanización. La eutanasia es un tema complejo, deberemos esperar un poco para debatirlo ya que la coyuntura política no ayuda. Es un tema tan complejo y profundo que amerita una reflexión y hoy la reflexión está prohibida.
-¿Cómo ve el avance exponencial de la utilización de la IA en la medicina?
-La IA es una herramienta muy valiosa. Hay que aprovecharla como recurso extraordinario. Pero nos tenemos que hacer algunas preguntas: dónde van a parar nuestros datos, quiénes los van a administrar, los sistemas de la IA dónde van a parar. Las IA son una ayuda muy importante para mejorar los tratamientos y diagnósticos. Se trata de aprender a manejar la herramienta de manera prudente. Si eso se traduce sólo en eficiencia, estamos equivocados. Se trata de usar la IA para que los profesionales tengan más tiempo para el paciente y para una medicina más profunda, más humana. La atención médica hoy está bastante despersonalizada, el médico se pasa más tiempo frente a una pantalla que frente a un paciente. Hay que desarrollar un aprendizaje y pedagogía para trabajar con la IA; para ello si no está regulada por el Estado, será muy difícil controlarlo. Si no hay regulación y lo dejamos librado al mercado, corremos el riesgo de cometer muchos errores.
-¿El debate sobre la despenalización del aborto fue la última gran discusión bioética del país?
-Sí, fue un último debate muy profundo, ejemplificador, quizás el más avanzado en todos los países de América Latina donde hubo. Tu una participación comunitaria muy fuerte ya que la clave fue sacarlo del ámbito académico. El Congreso abrió la discusión a la comunidad y fue muy saludable.
-Hay quienes quieren volver a discutir el aborto, ¿es un retroceso?
-La discusión ya fue planteada, fue muy alta y sucedió hace muy pocos años atrás. No me parece prudente, necesario y volverá a desgastarnos aún más. Ahora tenemos un debate con la ética de lo personal, estamos naturalizando el maltrato.
-¿De qué modo se resuelven las diferencias en cuanto a los accesos a los tratamientos y medicación por una cuestión de costos?
-Hay principios éticos, y también de la justicia. Estos últimos están referidos a la distribución equitativa y accesos a diagnósticos y tratamientos independientemente de la situación económica, geográfica y social de la población. Tenemos tratamientos para enfermedades raras que cuestan millones de dólares, esto amerita una intervención del Estado con respecto a empresas farmacéuticas ya que son sólo accesibles para un grupo minoritario. Hoy hay sectores que no ingresan ni siquiera al sistema básico de prestación de salud. Y eso pasa desapercibido como también el aumento de la mortalidad infantil. Ese es el tema, esto pasa absolutamente desapercibido. Ahí es donde tenemos que poner el eje porque son cuestiones éticas graves que comprometen a la población y tenemos que sacar el debate de las cuestiones biológicas y para ello debe estar la Bioética.
-En el libro dedica un capítulo a la Bioética frente a las políticas libertarias.
-Es oportuno hablar de estas cuestiones. Las políticas libertarias sólo hablan de la libertad individual y de terminar con el Estado. En cambio, la Bioética está referida a lo colectivo, a los derechos humanos y necesita de una presencia fuerte del Estado. Me parece que no debemos reducir todo al gasto en salud. Uno de los objetivos de las políticas libertarias es saldar las cuentas públicas pero generando problemas en cuanto a la atención de las necesidades básicas de la población. El Presidente se vanagloria hablando de la ética pero hace todo lo contrario.
-Es decir que la Bioética es lo opuesto a las políticas oficiales
-La Bioética es todo lo contrario al planteo del gobierno. Es la antítesis de la bioética. Cuando hablan de la salud mental, los ancianos o los niños, es todo lo opuesto a lo que plantea la Bioética. (Lo que plantea el gobierno) es un genocidio encubierto. Como decía, la Bioética es una herramienta de resistencia; hoy ameritan que esos debates estén en la agenda.
-Por fuera de Milei, ¿hay sectores de la política que tengan a la Bioética entre sus prioridades?
-Sí. Hoy están invisibilizados, pero los hay de distintas partidos como dentro del radicalismo, el peronismo y la izquierda.