Este lunes 19 de enero es el “Blue monday”, popularmente definido como el “día más triste del año”. La fecha no es fija: se establece cada tercer lunes de enero y surge a partir de una combinación de factores vinculados al fin de las fiestas, las metas del nuevo año y las obligaciones económicas acumuladas.
El término blue —azul en inglés— suele asociarse a la tristeza y la melancolía, además de relacionarse con el invierno y el frío propios del hemisferio norte.
El origen del Blue Monday se remonta a 2005 y está ligado al psicólogo británico Cliff Arnall, docente del Centro de Aprendizaje Lifelong de la Universidad de Cardiff. Su intervención se dio a pedido de una agencia de publicidad que trabajaba para la empresa de viajes Sky Travel, interesada en identificar un momento del año propicio para impulsar la planificación de vacaciones de verano y, con ello, aumentar sus ventas.
Para responder a ese objetivo, Arnall elaboró una fórmula que reunía distintas variables emocionales, climáticas y sociales con la intención de determinar un día específico del calendario. Entre los elementos considerados se encontraban las condiciones climáticas, las deudas posteriores a las celebraciones de fin de año, el abandono de los propósitos de Año Nuevo, la falta de motivación, el tiempo destinado a actividades culturales, las horas dedicadas al descanso y la relajación, el tiempo de sueño y los días transcurridos desde Navidad.
A partir de este cálculo, se concluyó que el tercer lunes de enero sería el momento de mayor desánimo colectivo. La empresa Sky Travel difundió la idea por primera vez el 24 de enero de 2005 mediante un comunicado oficial.
Con el paso del tiempo, numerosos especialistas pusieron en duda la validez científica de esta fórmula, señalando que carece de sustento académico sólido. Además, su impacto puede variar notablemente según el contexto cultural y geográfico.
La teoría sostiene que, durante el tercer lunes de enero, muchas personas atraviesan un estado de mayor apatía y desmotivación. El cierre del ciclo festivo, el regreso a la rutina, los balances personales y la presión por cumplir objetivos pendientes suelen generar una sensación de cansancio emocional.