La Cámara de Diputados de Brasil dio luz verde a un proyecto de reforma constitucional que tiene como meta achicar la jornada laboral de 44 a 40 horas por semana. La iniciativa, promovida por la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva, ahora deberá ser tratada en el Senado.

La propuesta consiguió el visto bueno tras dos votaciones sucesivas en la Cámara baja, logrando el respaldo de casi todas las fuerzas políticas del recinto. Hasta la mayor parte de los legisladores del Partido Liberal (PL), el espacio que lidera el expresidente Jair Bolsonaro y que en un principio rechazaba la medida, votó a favor ante la cercanía de los comicios presidenciales y legislativos de octubre.

Luego de la primera aprobación, el titular de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, destacó que el proyecto busca resguardar el “derecho de vivir, no de sobrevivir” y apuntala el bienestar de los empleados. “La historia nos muestra que los avances civilizatorios siempre enfrentan resistencias, fue así cuando se creó la cartilla de trabajo, fue así cuando se abolió la esclavitud, los contrarios decían que el país no lo soportaría, pero Brasil avanzó”, remarcó.

Por tratarse de una modificación a la Carta Magna, el texto necesitará la ratificación de una mayoría calificada en el Senado, donde también pasará por dos instancias de votación.

Cómo se implementaría el recorte de horas


La reforma, acordada entre el jefe de Estado brasileño y Motta, apunta a eliminar la jornada laboral de los sábados, bajando el tope semanal de 44 a 40 horas. Para que las distintas ramas de la economía puedan amoldarse a la nueva normativa, el proyecto fija una implementación escalonada que se activará una vez que la enmienda quede promulgada de manera oficial.

A los 60 días de su entrada en vigencia, la carga horaria semanal caerá a un tope de 42 horas, garantizando por ley los dos días de descanso consecutivos y remunerados, sugiriendo que uno de ellos sea el domingo. Al cumplirse un año, el tiempo de trabajo por semana bajará de forma definitiva a las 40 horas máximas establecidas.

Por tratarse de una reforma constitucional, el proyecto fue sometido a dos votaciones en el plenario de la Cámara Baja.

La norma respeta la vigencia de los convenios colectivos específicos de aquellos rubros clave o actividades esenciales como la salud, la seguridad, el transporte y la recolección de residuos. En dichos sectores se permitirá diseñar esquemas de turnos propios, con la condición de no superar las ocho horas diarias de labor y sostener las dos jornadas de descanso semanales.

A su vez, se prevé la redacción de una ley complementaria con pautas específicas para los monotributistas locales (microemprendedores individuales) y las pequeñas empresas, con la intención de cuidar las fuentes de trabajo.

El avance de la reforma se da en el marco de una fuerte campaña de Lula da Silva, quien convirtió este reclamo en una bandera central de su plan de Gobierno para este año de elecciones, donde peleará por su cuarto mandato. La baja de la jornada horaria, un reclamo histórico de las centrales sindicales y los sectores de menores recursos, todavía genera el rechazo de los empresarios. Desde la Confederación Nacional de la Industria (CNI) salieron a advertir que el cambio incrementaría los costos laborales registrados hasta un 7% por año.

De acuerdo a las cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los empleados en Brasil promedian las 38,9 horas semanales de labor y registran una productividad baja (21,2 dólares por hora), lo que ubica a la economía brasileña en el puesto 94 del ranking global.

El proyecto fija una implementación escalonada que se activará una vez que la enmienda quede promulgada de manera oficial.