Una publicación en redes sociales que mostraba imágenes de una fuerte tormenta y la caída de granizo en Maciá, Entre Ríos, generó repercusión durante los últimos días. El posteo planteaba que unas piedras recogidas después de la tormenta habían sido analizadas y que “se habían encontrado partículas de PVC”.

La publicación que se viralizó en redes. 

Consultado sobre el tema, Rubén Piacentini, investigador del Conicet Rosario, explicó en El mejor día de la semana (Radio 2) cómo se forma el granizo, qué factores pueden influir en su tamaño y qué relación existe entre estos fenómenos y el cambio climático.

Por qué el granizo puede ser cada vez más grande

Piacentini explicó que el granizo, al igual que una gota de agua, necesita un núcleo de condensación para comenzar a formarse. Es decir, una pequeña partícula presente en la atmósfera alrededor de la cual se condensan las moléculas de agua.

“Para que se forme un granizo, lo mismo que una gota de agua, se necesita lo que se llama un núcleo de condensación”, explicó. Y agregó: “Cada gotita que nos cae encima tiene en su interior una particulita”.

Esa partícula puede ser polvo atmosférico, aunque también puede tener otros orígenes. Según señaló, hace siglos, cuando todavía no existían las ciudades, el proceso se producía a partir del polvo atmosférico que se levantaba y permitía que las moléculas de agua se condensaran.

Pero el tamaño que puede alcanzar el granizo depende también de lo que ocurre dentro de la tormenta. Las corrientes ascendentes tienen un papel fundamental porque pueden mantener las partículas de hielo en altura y permitir que sigan incorporando agua.

La consecuencia, según explicó, es un cambio en el tamaño de las piedras: “Antes existía el granizo pero cada vez hay granizos más grandes”. Piacentini sostuvo además que existen investigaciones científicas que ya analizaron este fenómeno y muestran esa tendencia.

El tamaño también explica por qué algunos granizos tardan en derretirse

Uno de los datos que había generado repercusión en redes era que las piedras recogidas después de la tormenta permanecían sin derretirse varias horas más tarde. Consultado sobre ese punto, el especialista explicó que el tiempo que tarda el granizo en derretirse está determinado por múltiples factores y no necesariamente tiene relación con la contaminación.

“Eso depende de un montón de condiciones: de la superficie del suelo, etc. En realidad tiene que ver más con condiciones físico o químicas del lugar que con cuestiones de contaminación, que es cierto que también influye”, explicó.

Y marcó un aspecto básico, el tamaño importa. “Los granizos grandes evidentemente tardan más tiempo en derretirse que los chicos”, sostuvo.

¿Puede haber microplásticos en el granizo?

La posibilidad existe. Piacentini explicó que en la atmósfera hay cada vez más partículas que pueden funcionar como núcleos de condensación y que algunas pueden tener origen en actividades humanas.

Al ser consultado específicamente sobre si el granizo puede contener microplásticos, respondió que sí y mencionó algunas de las posibles fuentes: “Puede ser la fibra de la ropa que se desprende simplemente por utilizarlas, o de neumáticos”.

En este último caso, el investigador puso el foco en el desgaste producido por el tránsito: “Hay más de 2 mil millones o más de vehículos en el planeta que tienen neumáticos que rozan el piso y generan partículas”.

Piacentini también señaló que se han observado referencias a restos plásticos, aunque distinguió esas observaciones de la existencia de evidencia científica suficiente para confirmar el caso puntual que circuló en redes.

Las partículas pueden viajar grandes distancias

Otro punto relevante es que una partícula encontrada en una piedra de granizo no necesariamente tiene su origen en el lugar donde cayó. El investigador del Conicet explicó que las masas de aire pueden desplazarse durante grandes distancias antes de producir una tormenta. “Una gotita que cayó o sobre Rosario, o San Lorenzo o San Genaro, a lo mejor estaba en el Pacífico ayer”, ejemplificó.

La explicación tiene que ver con el movimiento del vapor de agua y de las masas de aire en la atmósfera. Por eso, las condiciones que intervienen en la formación de una tormenta pueden estar relacionadas con fenómenos ocurridos mucho más lejos.