China aprobó la comercialización de NEO, un implante de interfaz cerebro-computadora desarrollado por la Universidad de Tsinghua y la empresa Neuracle Technology. Es el primer dispositivo de este tipo en superar ensayos clínicos y recibir autorización para producción a escala dentro del sistema de salud estatal.
NEO es un dispositivo del tamaño de una moneda que se coloca entre el cráneo y la capa externa que protege el cerebro. Utiliza ocho sensores para captar señales neuronales y traducirlas en comandos digitales mediante un procesador externo. A diferencia de otros prototipos, no penetra la corteza cerebral.
El objetivo inicial es clínico: asistir a pacientes con lesiones medulares y parálisis. Según los desarrolladores, 36 personas participaron en los ensayos. Con la aprobación regulatoria, el dispositivo pasará a fase de producción masiva en China.
Neuralink y el contexto internacional
Neuralink, la empresa de interfaces cerebrales fundada por Elon Musk, comenzó sus ensayos en humanos en 2024. Su dispositivo N1 requiere perforar la corteza cerebral para acceder a las señales neuronales. Actualmente se está probando en nueve voluntarios y aún no cuenta con aprobación de la FDA para uso general.
En un evento en Israel el mes pasado, Musk señaló que “recuperar el control de las personas tetrapléjicas y devolverles la vista son logros muy importantes” para este tipo de tecnología. Una participante del ensayo de Neuralink, Audrey Crews, publicó en X que había podido escribir su nombre por primera vez en 20 años usando el dispositivo.
Expertos consultados por MIT Technology Review indicaron que el diseño menos invasivo de NEO pudo haber influido en la velocidad de su aprobación regulatoria en China.
Aplicaciones y proyecciones
La Organización Mundial de la Salud estima que más de 3.000 millones de personas viven con alguna afección neurológica. Los implantes cerebro-computadora se investigan como posible vía de asistencia para condiciones relacionadas con movilidad, habla, depresión, epilepsia, accidentes cerebrovasculares y Parkinson.
A largo plazo, inversores como Sam Altman, Peter Thiel y Scott Phoenix han planteado que la integración entre humanos e inteligencia artificial se expandirá más allá del uso médico. En una charla TED en abril, Phoenix sostuvo: “Será difícil competir con las ventajas de la integración”.
La consultora Future Market Insights proyecta que el mercado global de interfaces cerebro-computadora pasará de 490 millones de dólares en 2024 a 1.700 millones en 2035.
Riesgos y debate ético
Los especialistas advierten que cualquier implante cerebral conlleva riesgos médicos, como hemorragias, infecciones o reacción del sistema inmune que encapsule el dispositivo con tejido cicatricial. “Cualquier tipo de implante cerebral puede causar daños físicos que afecten regiones vecinas”, explicó el Dr. David Tuffley, experto en ciberseguridad de la Universidad Griffith.
También se abre un debate sobre seguridad de datos. Tuffley añade que, en teoría, estos dispositivos “permitirían acceder a datos neuronales sensibles” y que vulnerabilidades de ciberseguridad podrían “perjudicar funciones cognitivas o manipular señales motoras”. La propiedad de los datos neuronales y los marcos regulatorios de privacidad son temas aún en discusión a nivel global.
Próximos pasos
Con la aprobación en China, NEO comenzará a implementarse en hospitales del país para casos de parálisis. Neuralink continúa sus ensayos clínicos en EE.UU. a la espera de la evaluación de la FDA. Otros grupos de investigación en Europa, Japón y Australia también desarrollan interfaces cerebro-computadora con distintos niveles de invasividad.
La tecnología pasa así de la fase experimental a la clínica en al menos un mercado, lo que marca un punto de inflexión para el sector. Quedan abiertas preguntas sobre regulación internacional, estándares de seguridad y alcance de sus aplicaciones futuras.