Lo que empezó como un flechazo en un sitio de citas terminó en una pesadilla digital. María, una empleada doméstica filipina de 43 años, perdió 100 mil pesos filipinos —unos 1.625 dólares— tras ser víctima de una estafa romántica impulsada por inteligencia artificial. El estafador se hacía pasar por el jeque Hamdan bin Mohammed, príncipe heredero de Dubái.
Según relató a la agencia AFP, el vínculo comenzó con mensajes diarios y terminó en videollamadas íntimas. “Me escribía incluso cuando dormía. Era como si un hechizo de amor hubiera conectado nuestras mentes", contó María. En las llamadas, el rostro en pantalla coincidía con el del príncipe real: movía los labios al ritmo de frases cariñosas como “Hola, querido/a. Aprecio mucho tu amor y tu apoyo”. Sin embargo, la voz no era la del jeque.
La relación migró de la app de citas a WhatsApp, donde el falso príncipe intensificó el contacto. Tras semanas de confianza, le pidió dinero para tramitar un supuesto “certificado de matrimonio” y una “tarjeta de membresía real” que, prometió, le garantizaría trabajo en Dubái. María transfirió el equivalente a un año de ahorros.
La alerta llegó cuando el estafador exigió otros 60.000 pesos —unos 974 dólares— para reservar la habitación de hotel donde, decía, se conocerían por primera vez. Al revisar la cuenta de Facebook del supuesto príncipe, María descubrió que estaba registrada en Nigeria. “Vete al infierno, estafador”, fue su último mensaje antes de bloquearlo. La cuenta fue eliminada poco después.
Deepfakes al servicio del fraude
Investigadores citados por AFP, según publicó el medio estadounidense New York Post, rastrearon varias de estas estafas hasta organizaciones criminales que operan desde Nigeria. Los grupos adoptaron IA generativa para crear deepfakes cada vez más convincentes del jeque Hamdan, aprovechando sus más de 17 millones de seguidores en Instagram. Plagian su imagen, su voz y hasta sus poemas para dar veracidad al fraude.
La agencia identificó páginas de Facebook con miles de seguidores que se hacían pasar por representantes del príncipe. Publicaban imágenes manipuladas —el jeque arrodillado con un anillo, o sosteniendo una rosa— con leyendas como: “Cariño, ¿puedo recibir un 'te amo' por WhatsApp?”. Aunque algunos usuarios advertían que eran perfiles falsos, muchos respondían con emojis de corazones y besos.
“Instrumentalizan la vulnerabilidad”
Todd Spodek, abogado penalista de Nueva York especializado en casos de fraude, explicó que estas estafas se basan en construir relaciones largas para generar confianza. “Crean un vínculo y, poco a poco, ponen a la víctima en posición de entregar dinero hasta aprovecharse por completo”, señaló.
Spodek remarcó que los estafadores usan “ingeniería social” y apuntan a personas que atraviesan divorcios, duelos o cambios importantes. “Instrumentalizan situaciones específicas de la vida”, afirmó. Para él, la mejor defensa es la educación: “Cuando una relación online deriva en pedidos de dinero, tarjetas de regalo o iPhones, tienen que encenderse todas las alarmas”.
María logró frenar la estafa antes de enviar el segundo pago. “Mucha gente me dijo que menos mal que no me volví loca después de esta experiencia”, confesó. Su caso se suma a una ola global de fraudes con “falsos príncipes de Dubái” que combinan romance, IA y manipulación emocional.
Claves para no caer:
Desconfiar de figuras públicas que inician contacto privado: los miembros de la realeza no buscan pareja en apps de citas ni piden dinero por WhatsApp.
Chequear inconsistencias: voz que no coincide, pedidos de dinero, urgencia para transferir o cuentas registradas en otros países.
Videollamadas no son garantía: los deepfakes ya sincronizan labios y gestos en tiempo real.
Consultar antes de transferir: hablalo con alguien de confianza o denunciá en la línea de cibercrimen de tu país.