Durante años, la habilidad innata de los gatos para caer siempre de pie maravilló a kinesiólogos, gimnastas, médicos y cualquier persona con una columna no tan flexible. Y ahora un equipo de científicos de la Universidad de Yamaguchi en Japón explicó cómo lo hacen.
La investigación, publicada en la revista especializada The Anatomical Record, señala que el secreto de las habilidades acrobáticas de los gatos reside en una sección particularmente flexible de su columna vertebral.
Los investigadores llevaron a cabo pruebas en las columnas vertebrales de cinco gatos fallecidos, y descubrieron que la columna torácica de un gato, situada en la parte media de la espalda, es casi tres veces más flexible que su columna lumbar, ubicada en la parte inferior. Esta característica permite a los gatos girar rápidamente la parte superior de su torso, de manera similar a un patinador artístico que realiza una curva cerrada, orientándose hacia el suelo en cuestión de milisegundos.
El Dr. Yasuo Higurashi, autor principal del estudio, explicó al diario británico Daily Mail: "La columna torácica puede rotar con facilidad. Este movimiento también ayuda a rotar la columna lumbar, lo que permite al gato orientar su cuerpo y aterrizar sobre sus patas".
Desde el siglo XIX, los físicos estuvieron intrigados por el llamado "problema del gato que cae", ya que la facilidad con la que los gatos giraban en el aire parecía desafiar la ley de conservación del momento angular, que establece que un objeto no debería poder empezar a girar sin un impulso externo. Con el tiempo, se propusieron diversas teorías para explicar este fenómeno, que se agruparon en tres categorías principales: la "cola de hélice", el "modo de flexión y giro" y el "modelo de plegado y giro". Para determinar qué estaba sucediendo realmente, el Dr. Higurashi y sus coautores realizaron dos experimentos clave.
En el primero, examinaron diferentes secciones de las columnas vertebrales de gatos, revelando que la flexibilidad no es uniforme, sino que se concentra notablemente en la columna torácica, cerca de las patas delanteras. "Se puede sentir que algunas partes son flexibles mientras que otras son rígidas", comentó el Dr. Higurashi, añadiendo que "los gatos se mueven de acuerdo con esas propiedades estructurales".
Posteriormente, los investigadores analizaron videos de dos gatos adultos siendo arrojados desde una altura de un metro. En ambos casos, los gatos completaron el giro de la mitad delantera de su cuerpo unas décimas de milisegundo antes que la trasera.
Ambos hallazgos sugieren que el modelo de "flexión y giro" es la explicación más probable. Aunque las leyes de la física impiden que un cilindro sólido gire sin un impulso externo, los gatos eluden este problema girando la parte superior e inferior de su cuerpo en direcciones opuestas. Al recoger sus patas delanteras, aumentan su inercia y giran rápidamente la parte superior de su cuerpo. Simultáneamente, extienden sus patas traseras, manteniendo la parte inferior del cuerpo relativamente quieta.
Una vez que su cabeza se orienta hacia el suelo, repiten el proceso a la inversa: recogen sus patas traseras, extienden las delanteras y balancean la parte inferior del cuerpo. Dado que la parte superior e inferior de su cuerpo giran siempre en direcciones opuestas, no hay un cambio en su momento angular, lo que les permite "engañar" a las leyes de la física y aterrizar siempre de pie.