Un reciente estudio científico realizado en 11 países de América Latina concluyó que la incorporación de cinco hábitos cotidianos y sencillos puede mejorar significativamente el desempeño del cerebro y retrasar el deterioro cognitivo. A raíz de esta investigación, la neuróloga Virginia Tejeda dialogó con Cada día (El Tres) y brindó detalles sobre estas acciones preventivas. Además, reflexionó acerca del impacto negativo de las pantallas, la angustia que genera la sobreinformación médica y la necesidad de "aprender a aburrirse" en medio de la hiperactividad que impone la vida moderna.
El estudio LatAm-FINGERS, liderado por la neuropsicóloga argentina Lucía Crivelli y publicado en The Lancet, se extendió durante dos años y se centró en poblaciones latinoamericanas para adaptar las recomendaciones a las costumbres locales y no extrapolar parámetros de Norteamérica o Europa.
La investigación demostró que las personas que adoptaron de forma estricta y controlada cinco hábitos clave progresaron menos hacia el deterioro cognitivo y mejoraron sus funciones superiores, como el lenguaje y la velocidad de aprendizaje. Las acciones recomendadas incluyen: realizar actividad física regular bajo la supervisión de un profesional, mantener una alimentación saludable adaptada al país, recibir estimulación cognitiva frecuente, controlar los factores de riesgo cardiovascular (como hipertensión, diabetes, sedentarismo y tabaquismo) y fomentar la socialización.
Aunque parecen prescripciones casi obvias o del sentido común, Tejeda advirtió que la dificultad, en verdad, radica en su sostenimiento en el tiempo. Llamativamente y sobre todo, con la socialización. Advirtió que aunque el ser humano es gregario por naturaleza, la vida moderna suele encapsular a las personas. En ese sentido, recomendó buscar actividades placenteras como el baile, la pintura, visitar museos o estudiar un idioma para compartir intereses con otros.
Otro de los temas abordados por Tejeda fue el impacto de la sobreinformación, especialmente cuando los pacientes buscan síntomas en internet antes de acudir a un consultorio. La profesional explicó que esta práctica suele generar mucha angustia debido a que no siempre se encuentra información seria y además, porque se presenta de una forma chocante. “Nosotros (por los médicos) sabemos cómo dar esa información y cómo acompañar al paciente”, insistió.
Con todo, reconoció que como esa búsqueda “es inevitable”, sugirió optar por páginas científicas serias y confiables.
En cuanto a las infancias y la tecnología, Tejeda ofreció una mirada general sobre las problemáticas actuales. La neuróloga observó un fuerte apego de los más chicos hacia las pantallas e instó a regular su uso para ofrecer otras alternativas. Además, advirtió que actualmente se perciben mayores trastornos de ansiedad, sensación de vacío interno y angustia; patologías que requieren un abordaje transversal entre la neurología, la psicología y la psiquiatría y que están asociadas al uso de las pantallas.
El valor del aburrimiento
Frente a un contexto donde rige la hiperactividad y el tiempo pareciera escurrirse si no se está produciendo o consumiendo algo constantemente, la neuróloga fue tajante al reivindicar los momentos de ocio e incluso, de puro aburrimiento. "No sabés lo importante que es aburrirse a veces", afirmó.
La especialista aconsejó disfrutar del tiempo con uno mismo, alejar el teléfono móvil y garantizar un buen descanso nocturno. Leer un libro, meditar, hacer ejercicios de respiración o rezar son todas buenas opciones para conciliar el sueño.
Para graficar la relevancia de frenar y descansar de manera adecuada, Tejeda utilizó una clara metáfora automovilística sobre el funcionamiento de la cabeza. "Es como tener una Ferrari acá arriba, pero si no le cargamos nafta, la Ferrari no funciona", concluyó.