El ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, se refirió este martes por la mañana al intento de un efectivo policial de quitarse la vida ocurrido el lunes en el predio de la Jefatura de la Unidad Regional II, un hecho que volvió a poner en primer plano la salud mental dentro de la fuerza y encendió alarmas puertas adentro de la institución.
“Cuando ocurre un hecho de estas características, una autoagresión por parte de un personal policial con su arma, siempre se pone en análisis cómo se trabaja la salud mental del empleado policial, pero también problemas más estructurales que a veces no admiten una respuesta meramente asistencial”, sostuvo en Cada Día (El Tres) el funcionario .
En ese sentido, Cococcioni planteó que existen cuestiones históricas no abordadas en profundidad dentro de las policías provinciales y que inciden directamente en el bienestar de los agentes. Actualmente, según precisó, hay 560 empleados policiales bajo seguimiento psicológico en Santa Fe.
El ministro detalló además que se avanzó en convenios con el sistema de salud para garantizar tratamientos sin copagos a través de Iapos, aunque advirtió que unos 460 efectivos abandonaron de manera voluntaria los tratamientos, una situación que luego es evaluada para definir si continúan o no en funciones operativas y con portación de armas.
“Tenemos que pensar en el bienestar del funcionario, pero también en el bienestar de la sociedad. Son 25 mil policías los que salen a la calle con un arma en la cintura a cuidar a la gente. Tenemos que ser muy rigurosos en a quién ponemos en esa situación”, remarcó.
Uno de los ejes centrales del análisis del ministro fue el desarraigo. Cococcioni reconoció una “asimetría poblacional fundacional” en la fuerza: gran parte del personal se recluta en el norte de la provincia y termina prestando servicio en el sur, particularmente en Rosario.
“Hay una situación muy difícil de solucionar, que es el desarraigo, la falta de radicación en los lugares de trabajo. El traslado, el tiempo fuera de su casa y los viajes largos no son descanso, forman parte del desgaste”, explicó.
Como respuesta, señaló que en los últimos reclutamientos se avanzó en cupos geográficos, con una distribución 70-30 entre el sur y el centro-norte provincial, para revertir un esquema en el que casi el 80% del personal provenía de solo tres departamentos del norte.
En lo inmediato, el Ministerio activó y reforzó un protocolo de salud y contención psicológica, que alcanza actualmente a más de 580 efectivos. Sin embargo, Cococcioni insistió en que el problema requiere medidas de fondo y a largo plazo.
“No hay soluciones inmediatas. Estas cuestiones tienen que ser abordadas de manera estructural. Más allá de las acciones paliativas y del acompañamiento al personal y sus familias en momentos de crisis, no hay que dejar de poner el ojo en cómo abordamos esto a largo plazo”, afirmó.
El ministro también defendió una política de mayor selectividad en el ingreso a la fuerza y cuestionó modelos anteriores de reclutamiento masivo. “A veces las soluciones simpáticas de querer que entren todos y tener muchos policías por promoción llevan a incorporar gente que tal vez no estaba preparada”, dijo.
En esa línea, destacó la reimplantación del régimen de internado en la formación policial, que permite detectar situaciones de crisis durante el proceso. “El año pasado desafectamos casi 100 cadetes. Con el régimen anterior se hubieran recibido”, señaló.
“Ser policía es una vocación exigente y desgastante. Tenemos que ser lo más selectivos posibles”, concluyó Cococcioni, al tiempo que anticipó que habrá menos ingresos por promoción, pero con criterios más estrictos y con el objetivo de que cada departamento cuente con policías oriundos de su propia región.