Desde la localidad santafesina de San Cristóbal, Luciana Nardulli, madre de Delfina Pérez, la chica de 15 años que fue agredida por una patota de adolescentes que le propinó tajos en la cara el pasado 1º de enero, expresó su temor por represalias en un entorno que continúa siendo hostil aun después de la intervención de la Justicia. Al punto tal de que madre e hija evaluan irse de la ciudad.
Nardulli denunció que un joven de 18 años, involucrado en el ataque que sufrió su hija, violó la restricción impuesta como regla de conducta. No solo eso: en las últimas horas trascendió un video en el que se lo puede ver propinándole una golpiza a otro adolescente. Por estos hechos, el sospechoso volvió a ser detenido este sábado y quedó nuevamente a disposición de la Fiscalía.
A comienzos de enero, las impactantes imágenes de una adolescente con el rostro desfigurado tomaron estado público desde San Cristóbal, localidad agrícola-ganadera del centro norte de Santa Fe, con un fuerte pasado ferroviario.
Delfina fue agredida durante la tarde-noche del jueves 1º de enero, cuando se dirigía a un quiosco para comprar leche y masitas para su hermanito. Fue abordada por una patota de adolescentes que la sorprendió y la atacó con armas blancas en el rostro. Previamente, la chica venía siendo hostigada en la escuela.
A más de un mes de aquel episodio, cuyo proceso judicial continúa en curso, la familia de la adolescente no solo está preocupada por las consecuencias estéticas de la agresión. Es que, aseguran, la violencia sigue latente.
En diálogo con El Litoral, Luciana detalló: “Delfina está bien de salud. Las heridas le dejaron marcas en la cara, pero mejoró mucho con las cirugías. Ella ahora necesita asistencia profesional, pero a la única psicóloga del hospital de San Cristóbal se la asignaron a la atacante. Yo tengo que buscar una particular”.
La mujer dijo sentirse desamparada tras la atención inicial: “En el Hospital Cullen, de la ciudad de Santa Fe, le realizaron a Delfi tres cirugías en el mismo día, en las zonas dañadas de su cara. Allí la vio una vez una psicóloga y una psiquiatra. Después, nada”.
Según consta en el registro fílmico que circuló en las últimas horas, un joven mantenía en el suelo a otro, visiblemente golpeado en el rostro, y llamó a un segundo atacante, que le propinó golpes de puño en la cara, sin que la víctima pudiera defenderse.
Tras la viralización del video, Luciana Nardulli lamentó: “No entendemos cómo puede estar suelto mientras sigue lastimando a otros chicos. Tenemos miedo de salir a la calle”.
De acuerdo con la investigación, aquel 1º de enero Delfina fue atacada por cinco personas. La situación procesal de cada uno de los involucrados es diferente: dos mayores de 16 años permanecen detenidos a disposición de la Justicia de Menores; hay dos menores no punibles —menores de 16— que se encuentran en libertad; y un joven de 18 años que fue imputado, pero para quien las evidencias no alcanzaron para dictar prisión preventiva, aunque el juez le impuso reglas de conducta.
Recientemente, este último fue denunciado por participar de una golpiza y por incumplir la restricción de acercamiento hacia Delfina.
“Al de 18 lo largó la jueza porque entendió que no había pruebas suficientes. Él no puede acercarse a menos de 400 metros de mi hija, de nuestra casa o de la casa de mi mamá, pero no respeta eso”, se quejó la mujer.
“El miércoles pasado —relató— la siguió en moto a Delfina y ella volvió asustada a casa. Ese mismo día le pegó a un menor de edad a la vuelta, de una manera súper agresiva. De criminal. De querer matar. Hay un video. Él anda rondando. Tenemos miedo. No sabemos de lo que es capaz porque es peligroso y su familia también”.
La denuncia pública y formal tuvo respuesta: el joven de 18 años volvió a ser detenido este sábado a la madrugada, aunque no está claro bajo qué cargos.
“Por otra parte –agregó Luciana–, la adolescente que siempre acosaba a mi hija y es la que incitó a los demás a atacarla, que tiene 15 años, está en su casa, a cuatro cuadras de nosotros. Estamos aterradas. Delfi me pidió que nos vayamos de la ciudad. No son sólo los cinco atacantes… son también sus familias. Nosotras estamos solitas y no somos de andar peleando”.