Antes de que Lionel Messi se convierta en el mejor jugador de fútbol del mundo, con balones de oro, ciento de triunfos, trofeos y un mundial ganado, hubo esfuerzo, sacrificios y un fiel acompañamiento de sus padres: Jorge Messi y Celia Cuccittini que compartieron toda su vida a la par. 

La historia de amor entre “Peluca" y “Puchi”, como los llamaban los vecinos del barrio, comenzó en Las Heras. Dieron el sí el 17 de junio de 1978 en la iglesia Corazón de María. Ella realizaba tareas domésticas en casas y trabajó en un taller de bobinas magnéticas. Él heredó el oficio de al albañil de su padre Eusebio. Después fue cobrador de un instituto médico y hasta hizo tornillos para un taller metalúrgico. Hasta que se recibió de técnico químico y entró a trabajar en Acindar, en la sede ubicada en Villa Constitución, en los años 80.

Jorge y Celia formaron una familia numerosa. Primero llegó Rodrigo Messi, luego Matías, más tarde Lionel Andrés Messi, nacido el 24 de junio de 1987 en Rosario, y finalmente María Sol, la menor del clan. Esa estructura familiar fue clave en la infancia del futuro campeón del mundo, que creció rodeado de hermanos, contención y una fuerte identidad rosarina.

 Celia regresó a Argentina con tres de sus hijos, Jorge se quedó en Barcelona con Lionel. 

Una de las crisis familiares de los Messi llegó con el tratamiento para el crecimiento de Lionel, quien ya desde muy chico se le veía potencial para el fútbol. Al principio fue pagado por la obra social que Jorge tenía, pero la continuidad de ese tratamiento empezó a complicarse por razones económicas.

Aquella etapa exigió decisiones difíciles y puso a prueba la fortaleza familiar. En ese contexto, la posibilidad de viajar a España y probar suerte en el FC Barcelona apareció como una oportunidad enorme, pero también como un salto lleno de incertidumbre. Ya instalados en un nuevo país, llegaron otras dificultades: los hermanos de Lionel no se adaptaban, extrañaban sus raíces, sus amigos, su barrio. 

Con ese panorama, ambos padres tomaron una difícil decisión: Celia volvió a Argentina con tres de sus hijos y Jorge se quedó en Barcelona acompañando a Leo. La distancia fue complicada, ya que no existía el Internet a nivel masivo, y la familia no podía pagar un celular en esa época. Mantuvieron el contacto mediante mails, algunos llamados cada un par de días y dos viajes al año. El sacrificio fue enorme, y todos los miembros de la familia manifestaron que fue muy complicado mantener ese arreglo.

Finalmente llegaron los frutos. Lionel Messi se convirtió en el mejor jugador del mundo, Jorge se convirtió en su representante y sostén, la mano derecha del Diez y a la par de ambos, Celia acompañando con el mismo amor de siempre, hasta el último día.