Durante 27 años una roca espacial fue considerada un asteroide común. Ahora se sabe que se equivocaron. El objeto conocido como 1998 SH2 fue descubierto en 1998 y clasificado como un asteroide cercano a la Tierra con una órbita de 4,5 años alrededor del Sol. Sin brillo, sin coma, sin cola: parecía una roca más entre miles.

El engaño se rompió en agosto de 2025, cuando pasó a unos 3 millones de kilómetros de nuestro planeta. Los radares del Deep Space Network de la Nasa lo buscaron donde debía estar y no estaba. Esa pequeña discrepancia orbital encendió la alarma. Los hallazgos fueron publicados en la revista especializada Nature Astronomy.

El equipo liderado por Davide Farnocchia, ingeniero de navegación del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Nasa, revisó décadas de astrometría óptica de precisión —la medición milimétrica de su posición respecto a las estrellas de fondo— y encontró la causa: la gravedad no explicaba su movimiento irregular.

Había fuerzas no gravitacionales actuando sobre él, compatibles con chorros de gas escapando de su superficie a medida que el hielo oculto se calentaba con el Sol.

"Después de medir las perturbaciones no gravitacionales que afectaban el movimiento de 1998 SH2 y reconocer que no eran compatibles con que el objeto fuera un asteroide, sospechamos que podría tratarse de un cometa activo", explicó Farnocchia.

Para confirmarlo, apuntaron dos de los ojos más potentes del planeta, el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Chile y el Telescopio Canadá-Francia-Hawái en Mauna Kea. Allí apareció: una tenue pero inconfundible cola de cometa. El viejo asteroide fue rebautizado oficialmente como P/1998 SH2, reconociéndolo como cometa.

Más allá de la curiosidad cósmica, el descubrimiento cambia las reglas de la defensa planetaria. A diferencia de los asteroides rocosos, cuya órbita es predecible, los cometas pueden cambiar sutilmente de rumbo porque el gas que escapa actúa como pequeños propulsores. Si no se detectan, esa desviación puede alterar el cálculo de un futuro impacto.

"Este trabajo demuestra la importancia de realizar un seguimiento continuo de los objetos cercanos a la Tierra. Debido a la desgasificación, el movimiento de los cometas se ve más afectado que el de los asteroides", advirtió Farnocchia. "Detectar estas perturbaciones puede ser una importante herramienta de diagnóstico para la defensa planetaria que ayudará a comprender qué objetos pueden ser cometas en lugar de asteroides, cómo evolucionan sus órbitas y cómo influye eso en los riesgos de impacto".

El equipo cree que 1998 SH2 no es un caso único. Con una astrometría cada vez más precisa, muchos supuestos asteroides sin cola ni brillo podrían ser cometas dormidos, ocultos a simple vista. Y sus sutiles desvíos orbitales podrían ser tan reveladores como una espectacular cola.