Un estudio reciente de la revista PNAS dio cuenta que las personas que conviven con vínculos tóxicos en su círculo cotidiano podrían estar acelerando su propio envejecimiento biológico.
La investigación, que encabezó el sociólogo Byungkyu Lee de la Universidad de Nueva York, detectó que sumar cada relación tóxica extra se vincula con un ritmo de envejecimiento más rápido y agrega, aproximadamente, nueve meses más a la edad biológica.
Hasta el momento, la ciencia venía haciendo foco en la soledad no elegida como una variable evidente de deterioro. Sin embargo, este informe corre la mirada hacia un rival silencioso: el impacto real que provocan en el organismo los vínculos que causan estrés, peleas o desgaste emocional de manera constante.
Quienes llevaron adelante el análisis comprobaron que aquellos que confiesan tener más personas tóxicas en su entramado social muestran, a la par, mayores índices de inflamación, depresión, ansiedad y presencia de patologías crónicas.
Para calcular el envejecimiento biológico, emplearon relojes epigenéticos que se apoyan en la metilación del ADN, un mecanismo de altísima exactitud que logra descifrar las huellas químicas que el paso de los años va dejando en los genes. “Gran parte de la literatura se ha centrado en el apoyo social como factor protector, pero nuestros resultados sugieren que los vínculos negativos también pueden integrarse biológicamente”, detalla Lee a El País.
Entre las conclusiones más llamativas de la investigación resalta que los parientes cercanos conflictivos (padres, hermanos, hijos o incluso políticos) y los vínculos externos (como jefes o compañeros laborales) sí exponen un efecto indiscutible en la edad biológica.
En cambio, llamativamente, la pareja tóxica no lo hace.
¿A qué se debe esto? Según Borrás, el secreto radica en la chance de salida: de un noviazgo o matrimonio problemático es posible abrirse, pero resulta muchísimo más complejo “cortar el cordón” con un padre, un hijo o un jefe, de acuerdo a lo que consignó el estudio.
“La relación conflictiva con un familiar es más crónica, más difícil de evitar y más ambivalente, al combinar obligación emocional y vínculo afectivo con el conflicto”, argumenta la experta. Esa mezcla de cercanía obligada y tensión permanente produce un estrés de una toxicidad que, indefectiblemente, apura el envejecimiento.
A pesar de los resultados, el equipo científico previene que no hay que caer en el facilismo del refrán “mejor solo que mal acompañado”. Estar solo sin quererlo sigue presentándose como una variable de peligro ya demostrada para cuadros de demencia, afecciones del corazón y muertes anticipadas. Por ende, la salida no es meterse para adentro, sino saber elegir los afectos.