El presidente de Estados Unidos Donald Trump responsabilizó a la inmigración por los disturbios que sacudían a Francia y reclamó el cierre de las fronteras, después de una jornada de enfrentamientos, saqueos e incendios que dejó miles de detenidos y cientos de agentes heridos. Las protestas del sábado se desarrollaron en distintas ciudades del país, en medio del malestar por el costo de vida y el aumento de los combustibles.

“¡Francia está en llamas! La inmigración de personas procedentes de un mundo totalmente diferente, personas con odio en el corazón, ha destrozado ese país que en su día fue grande”, escribió Trump en su red social Truth Social. Luego, endureció su mensaje con una exigencia directa a las autoridades francesas: “¡Cierren sus fronteras y tomen el control, antes de que sea demasiado tarde!”.

El balance oficial de los incidentes contabilizó 1.800 personas detenidas y daños en unos 1.500 comercios, según el Ministerio del Interior y la Federación de Comercio y Distribución. En París, la capital francesa, fueron arrestadas 855 personas, mientras las fuerzas de seguridad intentaban controlar los focos de violencia.

Saqueos, incendios y enfrentamientos en varias ciudades
 

Los disturbios se registraron en París, Marsella, Burdeos, Niza y Estrasburgo, donde grupos de jóvenes encapuchados saquearon negocios y provocaron destrozos. En la capital, las calles quedaron cubiertas de restos de barricadas improvisadas, bicicletas, contenedores de basura, vidrios rotos y vehículos incendiados.

En Limoges, en el centro-oeste de Francia, un incendio destruyó el ayuntamiento del siglo XIX. El prefecto local sostuvo ante la cadena LCI que el fuego había sido provocado deliberadamente por “una horda salvaje”. Los bomberos lograron controlar las llamas durante la madrugada del domingo.

Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua frente a los manifestantes que arrojaban proyectiles y fuegos artificiales. El gobierno informó que más de 500 policías resultaron heridos, aunque el primer ministro, Sébastien Lecornu, advirtió sobre la gravedad de los enfrentamientos durante una visita a los operativos de seguridad: “Es un milagro que el saldo no sea mayor”, afirmó Lecornu.

Además, un adolescente de 17 años perdió una mano en Saint-Étienne, en el sur del país, tras la explosión de una granada lanzada por las fuerzas de seguridad. La fiscalía de París indicó que más de 500 personas continuaban bajo custodia, entre ellas 171 menores. En Lyon, la tercera ciudad más poblada del país, se registraron otros 160 detenidos.

La crisis política detrás de las protestas
 

Las escenas de violencia se produjeron durante una movilización nacional que reunió entre 550.000 y 800.000 personas, según las estimaciones de las autoridades y de la central sindical CGT. Las manifestaciones expresaron el descontento por la inflación, el encarecimiento de la vida y el aumento de los combustibles, en un contexto de suba de precios a escala mundial vinculada a la guerra en Medio Oriente.

El conflicto comenzó en febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. Las protestas del sábado se sumaron a cuatro semanas de movilizaciones estudiantiles, algunas de las cuales ya habían registrado episodios violentos.

La vicealcaldesa socialista de París, Lamia El Aaraje, describió la situación como “un nivel de violencia que nunca habíamos visto”. También acusó a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen de comportarse “como un bombero pirómano” para aumentar la tensión política de cara a las elecciones de 2027.

Desde el gobierno de centroderecha y el espacio de Le Pen apuntaron contra grupos de ultraizquierda por los disturbios. El líder de La Francia Insumisa, que había respaldado las movilizaciones, rechazó que los saqueos representaran al conjunto de los manifestantes: “Quienes comparten nuestra lucha no tienen nada que ver con el pillaje, el saqueo”.