Abril de 2018. Con motivo del 36° aniversario de la Guerra de Malvinas, el rosarino Rubén Rada, representante de la Confederación de Combatientes de Malvinas de la República Argentina, visitó los estudios de El Tres. En una entrevista imperdible con la periodista Evelin Machain dejó un cúmulo de definiciones sobre la política nacional e internacional, la causa Malvinas, anécdotas de los duros días vividos en las islas y el patriotismo. Este sábado, Rada murió a los 63 años. Sus restos serán trasladados a Rosario y velados este domingo, de 8 a 12, en el hall de la sede de Gobernación (Santa Fe 1950).

Estas son algunas de las definiciones que dejó en Mesa de Diálogo.

—Hace años que hay una sed bárbara de Malvinas. En los pibes, en las universidades, en todas, no solo en la de Rosario. Hay una visión diferente: se está comprendiendo que las islas son los recursos naturales y que pertenecen a nuestro pueblo y a toda América. La ambición del imperio pasa por la Antártida, la Patagonia.


—Yo tenía problemas con la gente que la había pasado mal en la dictadura. Pero yo no tenía competencia con ellos. Nosotros éramos otra historia. Y con HIJOS me llevaba mejor. Fueron ocho años de una dictadura feroz donde hubo una mezcolanza y hubo confusiones. Los que combatimos en Malvinas siempre lo decíamos: usábamos el uniforme de San Martín, no conocemos otro uniforme. Éramos civiles, como Belgrano. Tuvimos que ponernos una chaquetilla y somos hijos de trabajadores. Muchos de los que nos mandaron a la guerra eran los mismos que oprimieron a nuestros viejos. Lo que pasa es que la maestra, nuestro propio viejo, nos enseñaron que no había que esconderse debajo de la cama. Y yo sé que era un momento totalmente malo, pero llamaba la bandera. Y fuimos, nos sentimos orgullosos y no renegamos.
 

—(Sobre la deuda con los excombatientes y con los caídos) El pueblo no tiene nada que ver. El pueblo tardó un momento en meter la mano en la bolsa donde estaban Galtieri y Videla para sacarnos a nosotros, porque le había pasado de todo: la desocupación, la dictadura, todo. Pero el pueblo es sabio, hizo el duelo y nos sacó.
 

—Quizás parte del poder se cree que nosotros veníamos por una pensión. Nosotros no veníamos por una pensión. Nosotros también observamos cómo actúa la Cancillería. Seguimos hablando de soberanía, seguimos contagiando a las generaciones futuras que el camino nunca va a ser la guerra. El '82 está muy lejos de todo. Fue un error y un horror para nosotros. Pero hay que ser buenos argentinos, tener buenos trabajadores, felices, contentos. Si los trabajadores, los empresarios, los maestros, todos somos felices, vamos a ser una gran nación y ahí a nuestra dirigencia política se le va a facilitar todo. Porque tenemos que ser sinceros: si mañana Argentina llega tarde a Naciones Unidas, no la esperan. Ahora, cuando sos una nación, dicen: "Esperen, no comencemos a hablar porque falta que llegue Argentina".
 

—Nos juntamos con los que nos vienen a vender, no a comprar, y creemos que nos van a ayudar. Y no. Son las potencias antiguas, colonialistas, que lo único que necesitan es sacarle recursos a todo el resto del planeta para poder seguir viviendo bien, mientras nosotros estamos en un país tan rico donde vive un pueblo pobre.
 

—(Sobre los gobiernos y la gestión de la causa Malvinas desde el regreso de la democracia) Nobleza obliga: en el plano internacional es para sacarse el sombrero. Se llama Néstor Kirchner. Y en el plano de la ayuda, también. Yo conocía al Flaco de cuando era gobernador. A nosotros nos ayudaba. Santa Cruz tiene 25 combatientes, porque la mayoría fueron movilizados a la frontera. Tienen un problema los argentinos: te encuadran. Tienen "-ismos" por todos lados. Yo tengo malvinismo. Pero nobleza obliga, lo voy a reconocer. Como voy a reconocer también a la provincia de Santa Fe.
 

—Yo estuve con Alfonsín. Me pidió disculpas. Estuve en un programa de un canal de Buenos Aires muy reconocido. Él estaba sentado detrás de las cámaras y, cuando terminé de hablar, me dijo: "Te tengo que pedir disculpas. Tuve un golpe militar y un golpe económico toda la semana y me olvidé de ustedes". Y yo le dije: "Yo te entiendo. Lástima que en ese camino se murieron como 400 combatientes suicidados". Pero fue un gran hombre.
 

—Los combatientes de Malvinas no traicionamos. Somos soldados del pueblo. No nos interesa ocupar ningún cargo político.
 

— (Sobre el día en que fue convocado para ir a la guerra) El 2 de abril. Yo vivía en Villa La Lata. Tenía una prefabricada que tenía un ventanal grande y poníamos el televisor para que el reflejo se viera desde la ventana. Ahí vi un camión del Ejército. Yo era un perejil. Cuando vi parar el camión del Ejército, si no hubieran tomado las Malvinas, yo pensé que me venían a buscar, porque éramos perejiles. El país estaba muy mal. Yo tengo un héroe, que es mi papá. Venía mi viejo de la fábrica, y mirá que había tenido problemas con los milicos. Muchos problemas. Lo primero que me dijo fue: "Vas a ir". Y yo le dije que sí.
 

—Decíamos: "Pucha, ¿te acordás de la maestra que se volvía loca para enseñarnos lo que eran las Islas Malvinas? Y ahora las vamos a conocer". De Comodoro bajamos a Río Gallegos y nos dijeron que íbamos para la frontera con Chile. Después escuchamos en el avión que nos dijeron que íbamos a hacer patria. Íbamos a Malvinas.
 

—Yo estuve en monte Kent, monte Challenger y caí prisionero la noche del 11 de junio en Dos Hermanas, en la ladera del monte Longdon, durante un repliegue. Era apuntador de cañón. En realidad, los apuntadores de cañón son los suboficiales, pero como había muchos cañones y un solo suboficial... quizás porque era rosarino.
 

—Yo estuve en un regimiento donde mis compañeros todavía no habían terminado la escuela. Pero eran rebravos. Me enseñaron a comer ovejas. Gracias a ellos comí muchas cosas que yo, siendo un chico de ciudad, nunca hubiera sabido comer. Caí prisionero; mataron a un oficial, hirieron a otro, me agarraron a mí y nos llevaron al campo de concentración de Fitz Roy. Estuve ahí hasta que nos dijeron: "La comida es para las fuerzas británicas. Cuando Argentina pierda, van a comer".
 

—Nos metieron en una cámara frigorífica apagada, pero no se podía respirar ahí. Nos estábamos descomponiendo. Yo ahí me descompuse y me tuvieron que subir al Canberra. Cuando subo al Canberra, lo primero que veo es una foto gigante de un jugador argentino con la camiseta argentina, el pantalón negro y el número 7. Era Osvaldo Ardiles. Y nosotros empezamos a gritar: "¡Maradona, Maradona!". Y ellos empezaron a gritar: "The king is Ardiles". Qué cambalache.
 

—(Acerca del momento en que se dio cuenta de que la guerra estaba perdida) Un mes antes. Nos veníamos replegando. Yo conocí el primer teléfono inalámbrico en la Guerra de Malvinas. Yo se lo veía a ellos; ellos lo tenían. Y yo andaba con una radio que se doblaba toda, no podíamos comunicarnos. Yo tenía FAP, tenía apagallama. Mis compañeros no tenían; de noche no se podía tirar. Pero hicimos tantas cosas... Yo la pasé mal porque los ingleses estaban buscando una base misilística. Y como tenía correaje de oficial, porque se me había cortado el mío y mi capitán me prestó el suyo, me confundieron con un oficial. Por eso me llenaron la cara de dedos. Pero no había ninguna base misilística. Había una bañera con un Exocet montado y con una camioneta le hicieron chispa. Esa es la gran inteligencia que tiene la Argentina, la materia prima que tiene el argentino. Le hizo chispa y hundió la fragata Ardent. Automáticamente los ingleses llamaron a los franceses y les dijeron: "¿Dónde le dieron un cohete?". Y ellos respondieron: "Yo no le di nada". Después se dieron cuenta de que era una bañera. Y el que lo hizo fue un suboficial. La Task Force fue a buscar al tipo y le dijo: "¿Querés trabajar en Londres?". Y el vago dijo: "No. Aunque no pueda lucir mi uniforme por Córdoba porque la gente me mira mal, aunque gane 700 pesos por mes, yo soy soldado argentino".