Los sectores medios locales viven con la calculadora en la mano. Compran lo imprescindible, comparan más, esperan descuentos, cambian marcas y miran con atención cada gasto cotidiano. Esto tiene un motivo claro: son muchos los que sienten que no llegan a fin de mes o que si lo hacen es mediante distintas estrategias de ahorro. Y se traduce en cuáles son las principales preocupaciones: la marcha de la economía en general, los sueldos y el desempleo.

Pero, al mismo tiempo, si bien las pasiones tristes –como la desilusión, la incertidumbre y la tristeza– reaparecieron con fuerza en los primeros meses de este año y reflejan la opinión predominante, una parte importante de esta población mantiene expectativas de mejora. Es decir, aún cree que el rumbo es el correcto a pesar del sacrificio actual. 

Es que aunque quienes ven que su situación económica familiar no es buena son mayoria, eran más los que decían lo mismo en 2023, cuando se produjo el último cambio de gobierno. Acaso eso explique que, ante las dificultades para cumplir sus dos principales contratos con el electorado –la promesa de terminar con la casta y recomponer la economía–, la administración Milei se apoye hoy en el antiperonismo como principal bandera discursiva.

Estas son algunas de las conclusiones que surgen de un sondeo sobre Hábitos de consumo y humor social de las capas medias, realizado por Rosario3 junto a la consultora MEC durante abril de 2026. El relevamiento fue online, entre visitantes y seguidores de la web y las redes sociales de Rosario3 y Televisión Litoral.

El informe muestra una economía doméstica tensionada, aunque con matices. El 29% de quienes respondieron afirma directamente que su ingreso no le alcanza. A eso se suma un 45% que dice que le alcanza, pero debe controlar sus gastos en alguna medida: de ese porcentaje, un 18% controla ciertos gastos y un 27% controla muchos gastos. En el otro extremo, el 25% declara vivir sin apremios: 12% dice que vive sin apremios y 13% asegura que le alcanza para ahorrar o invertir. En 2023, solo el 5% decía vivir muy bien y el 8% hacerlo sin apremios.   

La foto, entonces, no es homogénea. No todos los hogares están en la misma situación ni enfrentan el ajuste con la misma intensidad. Pero sí aparece una conducta bastante extendida: incluso entre quienes todavía logran sostener sus ingresos, el consumo está condicionado por la búsqueda de precio, oportunidad o conveniencia.

Estrategias de consumo

Según el sondeo, la principal estrategia aplicada por los consumidores es comprar solo lo necesario y en cantidad justa, mencionada por el 54% de los participantes. Casi en el mismo nivel aparece la decisión de comprar solo los días de descuento con tarjeta o aplicación de pago, señalada por el 47%. Más atrás, pero también con peso, aparecen la migración a marcas más económicas, con 33%, y la compra exclusiva de productos en promoción, con 32%.

Es decir: el ajuste no se expresa únicamente como renuncia al consumo, sino también como administración minuciosa. Los sectores medios compran con más restricciones, más planificación y menos margen para el gasto impulsivo. El precio, la promoción y el día de descuento se volvieron parte de la rutina.

El cambio de marcas también aparece como uno de los movimientos más fuertes. Ante la consulta específica sobre alimentos, artículos de limpieza y vestimenta, el 43% respondió que pasó a consumir marcas y productos más económicos o con facilidades de pago. Otro 31% dijo que alterna las mismas marcas y productos que consumía antes con otros de menor precio, según las circunstancias. Solo el 12% sostuvo que consume las mismas marcas y productos con la misma frecuencia de siempre.

Ese dato marca una transformación relevante: la fidelidad a la marca, uno de los rasgos tradicionales del consumo de clase media, se vuelve más frágil cuando el presupuesto aprieta. No siempre se abandona la marca conocida, pero se la intercala, se la espacia o se la reserva para determinados momentos del mes.

El informe también incorpora algunos cruces según la actividad del principal sostén del hogar y muestra un retroceso, sobre todo, entre los trabajadores estatales. Entre los empleados en relación de dependencia del sector público, el 39% declara que no le alcanza, el 41% debe controlar gastos y solo el 20% manifiesta vivir sin apremios.

Los que confían y los que no

La percepción de deterioro se confirma cuando la encuesta pregunta por la comparación con un año atrás. En la economía personal, el 68% tiene una mirada negativa: 34% dice estar algo peor y otro 34%, mucho peor. Solo el 11% afirma estar mejor que hace un año, mientras que el 21% considera que está igual.

El diagnóstico sobre el país es incluso más duro. Frente a la pregunta sobre cómo está la Argentina en relación con un año atrás, el 69% respondió que está algo o mucho peor: 27% algo peor y 42% mucho peor. Apenas el 21% considera que el país está mejor, mientras que el 10% lo ve igual.

Sin embargo, el sondeo también muestra una diferencia entre la mirada sobre el presente y la expectativa hacia adelante. Cuando se pregunta cómo creen que estarán personalmente dentro de un año, el 33% responde que mejor: 9% mucho mejor y 24% algo mejor. Otro 20% cree que estará igual. Del otro lado, el 48% espera estar algo o mucho peor.

La expectativa sobre el país también conserva un núcleo de confianza, aunque menor que el malestar actual. El 27% cree que la Argentina estará algo o mucho mejor dentro de un año, mientras que el 54% piensa que estará algo o mucho peor. El porcentaje de los optimistas se parece al del núcleo duro libertario, el 30 por ciento que votó a Javier Milei en la primera vuelta de 2023.

Esa combinación es una de las claves políticas y sociales del informe: hay una percepción mayoritaria de deterioro, pero no una cancelación completa de la esperanza. El presente se vive con tristeza, incertidumbre y ajuste, pero una porción de la población todavía deja abierta la posibilidad de que el sacrificio actual derive en una mejora futura.

La nube de palabras incluida en el informe ayuda a completar ese clima. Ante la consigna de escribir una sola palabra que exprese el estado de ánimo en relación al país, en abril de 2026 aparecieron con fuerza términos como “incertidumbre”, “tristeza”, “desilusión”, “preocupación” y “angustia”. Pero también se mantiene visible la palabra “esperanza”. De todos modos, ya no aparece con el predominio que tenía en mediciones anteriores, especialmente en diciembre de 2024, cuando ese sentimiento ocupaba el centro de la escena junto con “optimismo” y “expectativa”.

En agosto de 2023 esa nube de palabras solo estaba habitada por pasiones tristes: “Desesperanza”, “incertidumbre”, “tristeza”, “desánimo”, “cansancio” y “preocupación” . En ese escenario fue que Milei construyó el triunfo electoral que lo llevó a la Presidencia de la Nación.

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