Un pequeño rover de cuatro ruedas acaba de demostrar que los futuros exploradores de la Nasa no necesitarán que les digan por dónde ir. El Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) completó con éxito las pruebas de Ernest, el “vehículo explorador para la navegación en terrenos extremadamente inclinados”, en el desierto del sur de California.
Durante siete días de marzo, Ernest cubrió 26 kilómetros en más de 37 horas de conducción “con una mínima intervención” de los ingenieros, según informó el JPL el 18 de junio. El prototipo lo hizo de forma casi totalmente autónoma: detectó obstáculos, decidió si rodearlos o treparlos, y siguió hacia su destino sin órdenes desde Tierra.
A diferencia de los rovers marcianos Perseverance y Opportunity, que usan el clásico sistema “balancín-bogie” de seis ruedas, Ernest tiene cuatro ruedas con dirección independiente y un sistema de suspensión activa. Dos articulaciones en su chasis delantero le permiten modificar la marcha para “deslizarse, desplazarse sobre las ruedas y escalar obstáculos”, explicó el JPL. También puede moverse lateralmente, no solo hacia adelante y atrás.
Su cerebro es inteligencia artificial adaptativa entrenada con aprendizaje por refuerzo. Antes de pisar el desierto, ERNEST acumuló miles de horas de experiencia en simulaciones virtuales ejecutadas en paralelo. Luego pasó por la pista del Mars Yard del JPL para validar lo aprendido en el mundo real.
El rover mide 1,2 metros de largo y alcanzó velocidades de hasta 1 km/h. Parece poco, pero supera ampliamente a los rovers actuales: Perseverance, tras cinco años en Marte, recién completó 42,2 km, el equivalente a una maratón.
Los equipos del JPL llevaron a Ernest a escenarios de baja luz y viajes nocturnos para simular regiones lunares en sombra permanente. “Estas pruebas nos están ayudando a perfeccionar el hardware de movilidad y el software de autonomía para navegar distancias extremas en una amplia gama de terrenos y condiciones de iluminación previstas en la Luna”, señaló Issa Nesnas, tecnólogo principal del JPL.
El desarrollo comenzó en 2022 con fondos internos del JPL y ahora forma parte de la Oficina de Estrategia e Integración de la Ciencia de Exploración y del Programa de Exploración de Marte de la Nasa.
"El sistema de balancín-bogie tuvo mucho éxito en los últimos 30 años, pero en ese tiempo se investigó mucho sobre movilidad e interacción con el terreno”, dijo Hari Nayar, tecnólogo principal del equipo Ernest. La idea es que las próximas generaciones de rovers sean más grandes, rápidas y capaces de llegar a zonas peligrosas que hoy son inaccesibles.
Si la tecnología de Ernest se incorpora a futuras misiones, los exploradores robóticos de la Luna y Marte podrán viajar más lejos y más rápido, evaluando el terreno por su cuenta y tomando decisiones en tiempo real. Un paso clave para que la “exploración planetaria deje de depender de cada comando enviado desde la Tierra”, dijeron los expertos.