El doctor Luigi Laino, dermatólogo italiano, publicó su análisis en la revista académica Clinics in Dermatology y su conclusión es contundente. La mujer retratada por Leonardo da Vinci en 1503, Lisa Gherardini, padecía alopecia areata, un trastorno autoinmune en el que el propio sistema inmune ataca los folículos y provoca caídas de pelo repentinas, a menudo desencadenadas por estrés o cambios hormonales.

Laino no se basó en una suposición. Enumeró cuatro rasgos clínicos visibles en el cuadro como la pérdida bilateral total de las cejas, la pérdida bilateral total de las pestañas, una línea frontal de implantación del cabello sin transición, muy alta y despobladas y la piel intacta, sin cicatrices ni signos de depilación traumática.

"De todas las explicaciones posibles, solo la alopecia areata universalis da cuenta de las cuatro; el pelo supraciliar solitario revelado por la imagen multiespectral, lejos de contradecir el diagnóstico, reproduce uno de sus hallazgos clínicos más característicos", escribió.

Durante siglos se dijo que las mujeres del Renacimiento se afeitaban las cejas por moda. Para Laino, la imagen multiespectral del Louvre cuenta otra historia: no es estética, es clínica.

La explicación además de la evidencia visual, está la biografía. Lisa Gherardini era la joven esposa de un comerciante de telas florentino. Antes de cumplir 30 años tuvo seis hijos, cuatro de los cuales murieron. Vivió entre guerras religiosas, inestabilidad política y brotes de peste. Cada uno de esos eventos, por separado, puede desencadenar un episodio de alopecia en una persona predispuesta, explica Laino. Todos juntos hacen casi imposible que mantuviera una cabellera abundante.

De la Gioconda a Hollywood si se confirma, la Mona Lisa sería la persona más famosa de la historia con alopecia, pero no la única en el ojo público.

No es un caso raro. Se estima que 6,7 millones de estadounidenses viven con algún tipo de alopecia, según Pfizer. Y cada año, entre 8 y 10 millones de personas hacen fila en el Louvre para verla a ella.

Por eso Laino cerró con una propuesta que cambia por completo cómo miramos el retrato más visto del mundo: "Propongo que el rostro más contemplado en la historia del arte sea reconocido por lo que, clínicamente, siempre mostró. Una joven con alopecia areata". La sonrisa sigue siendo un misterio. La falta de cejas, quizás, ya no.