Estados Unidos e Irán iniciaron este fin de semana en Islamabad, Pakistán, una ronda de negociaciones clave para intentar poner fin al conflicto en Medio Oriente, en medio de un escenario cargado de desconfianza y acusaciones cruzadas.
Las delegaciones están encabezadas por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf. Ambos equipos ya mantuvieron reuniones por separado con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, quien actúa como mediador.
Sin embargo, hasta el momento no se confirmaron encuentros directos entre representantes de Washington y Teherán, lo que refleja la fragilidad del proceso.
Desde la Casa Blanca, Vance había anticipado una postura firme: pidió a Irán negociar “de buena fe” y advirtió que no tolerarán maniobras dilatorias. “Si están dispuestos a dialogar seriamente, nosotros vamos a extender la mano”, sostuvo antes de viajar.
Del lado iraní, Ghalibaf llegó con una delegación de unas 70 personas y planteó condiciones concretas para avanzar: un alto el fuego en el Líbano y el desbloqueo de activos iraníes en el exterior. Además, remarcó la desconfianza histórica hacia Estados Unidos: “Nuestra experiencia en negociaciones siempre ha estado marcada por promesas incumplidas”.
El proceso se da en el marco de una tregua que logró frenar los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán, pero que no logró detener otros focos del conflicto, especialmente los enfrentamientos entre Israel y el grupo Hezbollah en territorio libanés.
En paralelo, el presidente estadounidense, Donald Trump, presiona para avanzar en un acuerdo. Aseguró que busca reabrir el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el comercio global de petróleo, y reiteró que el principal objetivo de Washington es impedir que Irán desarrolle armas nucleares.
El cierre parcial de ese paso marítimo por parte de Teherán ya impacta en la economía global: el precio del crudo se disparó y el tránsito de buques cayó drásticamente, generando preocupación en los mercados internacionales.
Mientras tanto, el conflicto sigue activo en otros frentes. Israel mantiene operaciones militares en el Líbano y continúa el intercambio de ataques, lo que complica cualquier intento de estabilización regional. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, incluso analiza abrir negociaciones directas con el gobierno libanés, aunque la situación en el terreno sigue siendo volátil.
En Islamabad, bajo un fuerte operativo de seguridad, las conversaciones avanzan con cautela. La ciudad fue parcialmente cerrada y se estableció una “zona roja” para resguardar a las delegaciones.
Pese al inicio formal del diálogo, las diferencias de fondo, el programa nuclear iraní, el rol de Israel en la región y las condiciones del alto el fuego, mantienen en duda la posibilidad de un acuerdo rápido. Por ahora, la tregua se sostiene, pero el escenario sigue siendo inestable.