Estados Unidos oficializó una nueva pirámide nutricional que redefine las recomendaciones alimentarias vigentes y propone un cambio profundo en la forma de comer. El anuncio fue realizado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, encabezado por Robert F. Kennedy Jr., y se inscribe en la estrategia “Make America Healthy Again”, una de las banderas sanitarias de la actual administración.
El nuevo esquema vuelve al formato clásico de pirámide -que había sido abandonado en 2011- pero con una lógica distinta: ahora es invertida y coloca en el centro del consumo diario a las proteínas, las frutas, los vegetales y las grasas saludables, mientras reduce de manera significativa el lugar de los granos y cereales refinados.
Según explicó el Gobierno estadounidense, la actualización busca combatir el avance de enfermedades crónicas vinculadas a la mala alimentación y al consumo excesivo de productos ultraprocesados. En ese sentido, Kennedy volvió a apuntar contra la industria alimentaria y sostuvo que durante décadas se promovieron “alimentos de baja calidad” en detrimento de la prevención.
La secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, afirmó que la nueva pirámide nutricional “reajusta la política alimentaria federal” y prioriza la salud de las familias y los niños, al tiempo que fortalece a productores de alimentos considerados “reales”, como agricultores y ganaderos.
Qué propone la nueva pirámide nutricional de Estados Unidos
Las nuevas guías oficiales recomiendan:
- Priorizar proteínas de alta calidad en cada comida, con una ingesta diaria estimada entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal. Se incluyen fuentes animales (huevos, pescado, aves, carne roja) y vegetales (legumbres, frutos secos, semillas y soja).
- Reducir al mínimo los alimentos ultraprocesados, especialmente los productos empaquetados con alto contenido de azúcar o sodio y las bebidas azucaradas.
- Eliminar azúcares añadidos y edulcorantes no nutritivos, con especial énfasis en la infancia: se recomienda no consumirlos antes de los cuatro años.
- Incorporar grasas saludables provenientes de carnes, pescados, huevos, lácteos enteros, frutos secos, aceitunas y palta, y cocinar con aceites naturales como el de oliva.
- Elegir granos integrales ricos en fibra y limitar harinas refinadas como pan blanco, galletitas y tortillas industriales.
Además, el documento señala que personas con determinadas enfermedades crónicas podrían experimentar mejoras al seguir dietas con menor carga de carbohidratos refinados.