Las fuerzas de seguridad francesas detuvieron a cerca de 1.000 personas durante las manifestaciones realizadas este sábado en distintas ciudades del país, en una jornada marcada por el refuerzo de los controles policiales y la preocupación del Gobierno por los episodios de violencia registrados una semana antes.
El ministro del Interior, Laurent Núñez, aseguró que las protestas se desarrollaron de manera generalizada sin grandes incidentes y atribuyó la diferencia con la jornada anterior al despliegue anticipado de policías y gendarmes. Sin embargo, reconoció que hubo intentos de saqueos y dos heridos graves, en Toulouse y Clermont-Ferrand.
Las protestas se inscriben en un movimiento de descontento social que reúne reclamos diferentes, pero vinculados por el malestar económico y el deterioro de los servicios públicos. Las movilizaciones estudiantiles comenzaron con demandas por mejores condiciones educativas, más docentes y mayores recursos para las escuelas. Luego se sumaron sindicatos y sectores vinculados al movimiento de los chalecos amarillos, que volvieron a poner en el centro de la discusión el costo de vida, la inflación y el precio de los combustibles.
Durante una conferencia de prensa realizada poco después de las 19.30, hora local, el funcionario advirtió que la cantidad de detenidos aumentaría de forma significativa a medida que avanzaran los operativos. Para dimensionar el cambio respecto de la semana anterior, señaló que a esa misma hora del sábado 17 se habían registrado apenas 385 arrestos, pese a que entonces cientos de comercios habían sido vandalizados.
En esta oportunidad, los saqueos fueron limitados, según el balance oficial. Núñez mencionó especialmente los intentos de pillaje en Marsella, donde los sospechosos fueron detenidos, y sostuvo que el operativo permitió proteger los establecimientos comerciales de los centros urbanos.
De acuerdo con las cifras difundidas por el Ministerio del Interior, las 289 manifestaciones realizadas en Francia congregaron a unas 410.000 personas, por debajo de las 550.000 que el Gobierno había estimado para el sábado anterior.
Los organizadores, en cambio, aseguraron que la participación se mantuvo en torno a las 800.000 personas, el mismo nivel que una semana antes. La diferencia entre ambas estimaciones volvió a poner de manifiesto la distancia entre el balance oficial y el de los sectores movilizados.
Núñez sostuvo que en las marchas participaron grupos de ultra izquierda que intentaron provocar incidentes y aseguró que la Policía intervino de manera sistemática ante los episodios de violencia. También señaló que se detectó la presencia de activistas de ultraderecha en Niza y Montpellier, donde buscaban enfrentamientos con los manifestantes.
El funcionario defendió además la decisión de desviar las movilizaciones autorizadas para evitar los centros comerciales de las principales ciudades, una medida que, según afirmó, contribuyó a reducir los daños materiales.