Durante más de 60 años de vuelos espaciales, los astronautas solo tuvieron ultrasonido para diagnosticar lesiones. Las máquinas de rayos X eran demasiado grandes, consumían mucha energía, se dañaban con la vibración del lanzamiento y daban imágenes borrosas si el paciente se movía. Ese límite acaba de romperse.
Una máquina de rayos X en miniatura está a punto de transformar la salud de los astronautas tras una prueba exitosa en órbita. Además de detectar fracturas en la Luna, esta tecnología podría distribuirse a pueblos y aldeas en zonas rurales para brindar atención médica mejorada lejos de los grandes hospitales. Los resultados de las pruebas se publicaron en la revista especializada Radiology.
La tecnología ya es común en la Tierra. Como explicó Sheyna Gifford, médica y profesora adjunta de medicina aeroespacial en la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota, en un comunicado, "las máquinas de rayos X portátiles se utilizan en todas partes: en el Derby de Kentucky, en los márgenes del Super Bowl y en todo el mundo en zonas con pocos recursos, porque pueden funcionar con energía solar y pueden ser operadas por personas sin conocimientos médicos".
Gifford quiso probarla en el espacio. Primero en 2022, en un vuelo parabólico del famoso "Cometa del Vómito", donde lograron radiografiar una mano en microgravedad simulada. La prueba real llegó el 31 de marzo de 2025 con la misión privada Fram2, que llevó a cuatro astronautas novatos durante 3,5 días alrededor de la Tierra a bordo de una Crew Dragon de SpaceX. Ninguno era médico. Con solo cuatro horas de entrenamiento, lograron tomar radiografías de un reloj inteligente, una mano, un abdomen, una pelvis y un tórax, y revisarlas al instante en formato digital.
De vuelta en la Tierra, tres expertos independientes compararon esas imágenes con radiografías tomadas antes del lanzamiento. Conclusión: aunque las terrestres eran de mejor calidad, las espaciales eran lo suficientemente buenas para diagnosticar una fractura.
El dispositivo volvió con daños mínimos tras la sacudida del lanzamiento y la reentrada. La tripulación informó que fue fácil de usar y solo recomendó que sea más fácil de sujetar dentro de la cabina. "Al obtener las primeras radiografías humanas y de equipos en el espacio, nuestro estudio demuestra la viabilidad de la radiografía en órbita y amplía las capacidades de diagnóstico para la salud de la tripulación", afirmó Gifford.
El uso va más allá de la medicina. Los rayos X podrían servir para inspeccionar daños en trajes espaciales, electrónica, satélites averiados e incluso para analizar la superficie lunar desde un rover. Ahora el objetivo es hacerlo aún más pequeño y resistente para futuras misiones lunares. Pero el impacto más inmediato podría ser aquí.
Equipos autónomos, que funcionan con energía solar y mandan la imagen a una tablet o celular, serían invaluables para rescates en zonas remotas y para transformar la atención en pueblos y aldeas rurales alejados de los grandes hospitales. "La difusión de sistemas autónomos de rayos X en miniatura por todo el mundo también podría revolucionar la salud pública", aseguró Gifford. "El potencial de los rayos X en el espacio y aquí en la Tierra es ilimitado".