El susto ocurrió la semana pasada en el barrio de Moss Bay en Washington, Estados Unidos. El dueño de casa escuchó golpes adentro, sospechó de un robo y llamó al 911. Cuando llegaron los agentes del Departamento de Policía de Kirkland, se encontraron con el sospechoso en lo alto de las escaleras, gruñendo, con orejas puntiagudas y cero intención de negociar. No era un ladrón. Era un lince rojo.
Según el parte policial, no hubo heridos: ni el propietario, ni los oficiales, ni el felino. El gato de la casa - el verdadero motivo del allanamiento - apareció después sano y salvo, con cara de "yo no fui".
Para no tentar al destino, la policía hizo lo que hace cualquier vecino sensato en 2026: mandó un dron. El aparato siguió los movimientos del animal por dentro de la vivienda mientras los agentes mantenían distancia y coordinaban el operativo. El video que difundió la propia policía muestra al lince encaramado en el descanso de la escalera, bufando como dueño de casa.
Con la técnica ancestral de "cerrarle la puerta", lo confinaron en una habitación aislada hasta que llegó el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Washington. Sedación, transportadora y final feliz: lo liberaron cerca de Forbes Creek, a pocos metros de donde se cree que vive.
¿Cómo entró? La principal hipótesis policial es digna de una película de acción felina: trepó a un árbol, saltó por una ventana abierta y se metió, probablemente atraído por el gato residente.
Las autoridades aprovecharon el blooper viral para recordar lo obvio, pero que siempre conviene repetir: no se acerquen a un lince rojo, no lo alimenten, no intenten sacarse una selfie. Si se cruzan con uno, distancia prudencial y llamen a profesionales. Y el consejo extra del Departamento de Pesca y Vida Silvestre: mantengan a sus mascotas adentro, sobre todo entre el anochecer y el amanecer, y protejan gallineros y ganado pequeño. El caso quedó cerrado como "intento de robo con agravante de ternura".