El intendente Pablo Javkin presentó el plan de prevención de Rosario ante El Niño y planteó la necesidad de preparar la ciudad para una temporada de lluvias más intensas y un Paraná más alto. “No entrar en pánico, pero saber que nos tenemos que ocupar”, resumió al explicar las obras, el monitoreo y las herramientas de intervención que impulsa la Municipalidad (ver nota aparte).
Según indicó, las proyecciones de los organismos oficiales permiten prever un régimen de precipitaciones alrededor de un 30 por ciento superior al habitual hasta el otoño del año próximo. Eso no supone una cantidad uniforme de agua ni permite anticipar cuándo ocurrirá cada tormenta: uno de los riesgos es que un volumen importante se concentre en poco tiempo.
“Esperamos más agua que lo habitual y esa agua a veces puede caer toda junta. Cuando cae toda junta es muy importante que todos los sistemas que la ciudad tiene funcionen adecuadamente”, sostuvo.
Respecto del Paraná, llevó tranquilidad sobre el escenario inmediato. Explicó que, de acuerdo con la información disponible del Instituto Nacional del Agua (INA), la actual onda de crecida no llegaría al nivel de alerta en Rosario, aunque advirtió que habrá fluctuaciones durante los próximos meses.
“Vamos a tener momentos de bajante y momentos de crecida”, señaló. El escenario esperado, agregó, es de aguas medias altas o altas, diferente del río bajo que predominó durante varios años.
Intervención directa ante obstrucciones
Una de las medidas anunciadas apunta a acelerar la respuesta cuando una construcción o un obstáculo impide que el agua escurra y provoca anegamientos en un barrio.
Javkin explicó que se estableció un criterio para agilizar los trámites y permitir “la intervención directa a los fines de derribar todo puente o toda circunstancia que pueda afectar al sistema de desagüe”.
El intendente también pidió colaboración para mantener despejados los drenajes: respetar los horarios para sacar los residuos, evitar la acumulación de basura y no obstruir zanjas ni desagües. La coordinación de la respuesta ante contingencias quedará centralizada en el Comité de Emergencia de la ciudad.
Consultado por las zonas que generan mayor preocupación, Javkin distinguió entre los anegamientos transitorios que puede producir una tormenta intensa y el riesgo asociado a los sectores próximos a los arroyos.
En el primer caso, remarcó la importancia de la limpieza y del funcionamiento de los sumideros para que el agua llegue más rápido a los conductos. En el segundo, identificó los extremos noroeste y sudoeste como las áreas donde se concentra el mayor riesgo vinculado con los cursos de agua.
“Esas son las dos cosas que tenemos que trabajar a la vez”, afirmó: infraestructura en los sectores más expuestos y mantenimiento de los sistemas de captación en el resto de Rosario.
El Saladillo y la protección del puente
Javkin descartó que el municipio observe actualmente un riesgo para el puente Molino Blanco y vinculó esa evaluación con el avance de la obra de protección de la cascada del Saladillo.
Explicó que, aunque los trabajos todavía no están terminados, ya se ejecutaron las pantallas principales destinadas a frenar el retroceso de la cascada, un proceso erosivo que amenazaba las conexiones entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez.
“Cuando se inició esa obra, alguien dijo: «Esta obra la vamos a terminar de valorar el día que tengamos una crecida importante». Bueno, estamos en ese punto”, expresó.
De todos modos, insistió en que será necesario seguir con atención el comportamiento de los arroyos. Rosario recibe a través del Saladillo y del Ludueña el agua que escurre de unas 450 mil hectáreas de la región, en un territorio donde además cambió el mapa de urbanizaciones.
Esa situación debe observarse junto con la evolución del Paraná. “Más alto está el río, menos velocidad de desagüe tienen los arroyos y esa es la situación de riesgo que hay que monitorear”, explicó.