En medio del regreso de alumnos y alumnas a la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, donde un adolescente mató a otro en un tiroteo, el ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, rechazó los pedidos para sumar un psicólogo en los 5.000 establecimientos de la provincia o el uso de detectores de metales y criticó las salidas “simples y reduccionistas ante un fenómeno complejo”. 

Goity estuvo esta semana en el Normal Superior 40 de esa localidad del norte de Santa Fe, en donde el jueves a la mañana volvieron estudiantes de tercer y quinto año. El ministro y la secretaria de Gestión Territorial Educativa, Daiana Gallo Ambrosis, dialogaron con Rosario3 sobre las causas de fondo del ataque del chico de 15 años el lunes 30 de marzo pasado.

Los funcionarios destacaron sobre todo el impacto de una "subcultura digital global" en jóvenes con problemas de base y desestimaron otras problemáticas conexas como episodios de violencia anteriores en esa comunidad, el consumo de drogas o los problemas de salud mental.

Uno de los puntos que reclaman las familias, especialistas e incluso desde la regional de Amsafé es mayor asistencia y contención. Reprocharon que faltan, y no solo en la escuela, psicólogos y psiquiatras que acompañen.

Para Goity, “a veces decir que esto se soluciona con tal o cual cosa es simplista, es como decir que el hambre en el mundo se termina si distribuimos bien los alimentos”. Y completó: “Necesitamos más psicólogos, más asistentes escolares, más enfermeros, más médicos, más de todo necesitamos. Pero, aún reforzando lo que tenemos, que lo vamos a hacer, no vas a resolver el problema de base, porque no se resuelve exclusivamente con más psicólogos”.

“Nosotros –sumó Gallo Ambrosis– somos profesionales de la educación y para hablar tenés que estar en el territorio, tenés que saber. El ministro vino del minuto cero y un montón de veces porque es de las personas que personalmente quiere saber qué está pasando, más allá de que confía en los equipos”.

Goity bajó el debate a un “un ejemplo para que veamos lo reduccionistas que son algunas cosas”. “En este caso puntual (del tiroteo), si nosotros hubiéramos tenido un psicólogo por escuela como algunos piden, no lo hubiéramos evitado. Tener un psicólogo por escuela es imposible, necesitarías 5.000 psicólogos. Pero si los hubiéramos tenido tampoco lo hubiéramos resuelto porque este chico (por Gino C., el autor del ataque) ya tenía un psicólogo de la familia”.

El ministro recalcó que reforzarán esfuerzos pero pidió evitar “el diagnóstico fácil y la resolución simplista". Eso mismo respondió a otros planteos, como el pedido de familias y sectores de la oposición para agregar detectores de armas en los ingresos a las escuelas: “Eso, aparte de que es un recurso no barato, tampoco lo resuelve. Hubiera pasado en la puerta”.

Por eso, Gallo Ambrosis insistió en una tarea en red con las familias. Pidió que los padres asuman la responsabilidad de revisar las carpetas o preparar las mochilas, cuando son más chicos, y de seguir acompañando cuando crecen y cursan la secundaria. “No podemos quitar esa responsabilidad que tiene la familia y dejarla solo en la escuela. Es un ida y vuelta, las cosas pasan y pasan muchas veces por afuera”, agregó.

Las posibles causas y la subcultura juvenil

 

Si bien los equipos de crisis pedagógicas se pensaron para contextos como algunos barrios de Rosario u otras ciudades más grandes, el estallido de violencia se dio en una escuela de San Cristóbal que ni siquiera era la más conflictiva de esa localidad con 15 mil habitantes.

“Trabajamos con todos los municipios y comunas, armando equipos con los directivos en las escuelas. ¿Qué ayudamos a pensar? Casos prácticos. Por ejemplo: aparece un chico con un revólver dentro de la escuela. Bueno, ¿qué hacemos? ¿A quién llamamos?”, explica Gallo Ambrosis y reconoce que en este caso quedó excedido: “Nos fuimos preparando para todo, pero nadie iba a pensar en esta situación”.

El ministro visitó la escuela el miércoles pasado pero las actividades se retomaron el jueves, después del temporal (Alan Monzón/Rosario3).

Sobre las posibles causas o el contexto del tiroteo del lunes 30 de marzo que provocó la muerte de Ian Cabrera, de 13 años, y otros dos chicos heridos de bala, Goity señaló que Gino C. no tenía antecedentes de bullying ni conflictos en la escuela 40 pero sí “una situación compleja de tipo familiar”.

Hubo en estas semanas un tránsito de buscar culpables de lo ocurrido. De la versión inicial de un supuesto acoso, que en principio no existió, se pasó a otros factores como los problemas familiares, falencias en una comunidad atravesada por conflictos de consumos y salud mental. Luego, apareció en la investigación una “subcultura digital” marcada por discursos de odio –la True Crime Community (TCC)– y una veneración de otras masacres escolares.

–¿Cuáles son para ustedes las causas preponderantes de lo ocurrido?

–Esto terminó siendo una «captación» entre comillas, porque no es que hay alguien que esté captando, pero es una subcultura juvenil muy profunda, muy compleja, que opera sobre chicos que tienen problemas de base. Y el problema de base acá evidentemente tenía que ver con un contexto familiar, un padre ausente y otros problemas. Esos fueron facilitadores para que este chico derivara hacia una subcultura muy densa.

Hay que ser realista, esto puede volver a pasar, no necesariamente acá, en cualquier escuela de la República Argentina

–Ese es un fenómeno global, sin embargo, esto ocurrió con este chico en esta escuela. ¿Por qué pasó acá?

–Podría haber sucedido en cualquier lado. Ya lo dijeron la ministra (de Seguridad de la Nación, Alejandra) Monteoliva y el gobernador (Maximiliano Pullaro) en la conferencia de prensa. Nosotros nos enteramos ahora pero en dos años hubo 15 casos de este tipo detectados y desarticulados, que no llegaron a producirse. Porque se registraron antes y por la dificultad de acceso a las armas. Y cuatro casos que tenían en estudio. Entonces, eso existe y por eso es importante limitar el acceso a las armas. Puede pasar. Hay que ser realista, esto puede volver a pasar, no necesariamente acá, en cualquier escuela de la República Argentina.

–Ustedes no ven una particularidad de esta comunidad. Se habla mucho de circulación de droga, de consumos problemáticos, salud mental, episodios de violencia anteriores con el de la chica Delfina que le tajearon la cara. ¿Eso no tiene relación?

Goity: –No tiene nada que ver.

Gallo Ambrosis: –Este escenario ni siquiera lo podría haber imaginado en esta escuela o en San Cristóbal. Lo imaginaría en Rosario, en Villa Gobernador Gálvez, que son ciudades donde tenemos las mayores incidencias y circulación de armas. Pasó acá, en una localidad pequeña. Tenemos cinco mil escuelas y la educación funciona muy bien. 

Goity: –Todos los días, entran y salen un millón de personas por el sistema educativo. Y no pasa nada, o pasa poco. Es casi un milagro que no ocurran más cosas dentro de la escuela.

Gallo Ambrosis: –Los equipos estamos a la altura de la circunstancia, más allá de que esta es una situación muy difícil y nos costó mucho. 

El regreso: “La escuela es el mejor lugar para estar”

 

Como en la época de la pandemia, cuando se planteó “volver a una nueva normalidad” el ministro en este caso propuso el “regreso a una normalidad que nunca va a ser la misma”.

En ese tránsito duro y traumático tras el “hecho disruptivo”, como lo calificó, y sin antecedentes en la provincia, dijo estar “orgulloso de cómo han actuado los equipos de Educación”.

Además de las áreas de convivencia, gabinetes socioeducativos y de crisis, los funcionarios ponderaron el rol del centro de estudiantes, desde donde hubo un pedido concreto de retomar las actividades en la escuela 40 Mariano Moreno.

“Los chicos en general quieren volver porque la escuela es el mejor lugar donde pueden estar. Hay situaciones puntuales que las iremos trabajando. Los dispositivos están pensados justamente para que, si surge algún alumno que no puede regresar o que no puede hablar, se aborde particularmente. Pero el trabajo es colectivo y la realidad es que nosotros de todas las reuniones que hemos tenido con las familias, con los estudiantes, con los docentes, coinciden en que quieren volver”, definió la secretaria de Gestión Territorial Educativa.