Mientras los operarios descargaban caños, armaban estructuras y delimitaban el ingreso al microestadio Gatica para la despedida de Indio Solari, una canción empezó a sonar desde la esquina.
Era Jijiji.
La misma canción que inspiró el primer nombre de una pizzería ubicada en la esquina del predio donde este domingo darán el último adios al Indio. Un local que durante años lo homenajeó con murales, música y referencias a Los Redondos y que, por una de esas casualidades imposibles de planificar, terminó quedando a pocos metros del lugar elegido para despedir al músico.
A metros del operativo, los parlantes reproducían clásicos ricoteros a todo volumen. La gente se detenía, cantaba, levantaba los brazos y se sacaba fotos frente al mural. Algunos llegaban con la tristeza dibujada en la cara. Entonces aparecían Fernando o Leo, los dueños del local. Había abrazos, recuerdos y algunas lágrimas. Después, casi inevitablemente, todos terminaban cantando.
"Mi local se llama Pizza Redonditos. Somos una pizzería que siempre le hizo un homenaje al Indio estando vivo y ahora estando muerto también se lo vamos a hacer como se lo merece", contó Leo a Rosario3.
La historia del nombre empezó hace seis años. El proyecto originalmente iba a llamarse "No lo soñé", en referencia a la frase de Jijiji. Pero Instagram no permitía utilizar la letra Ñ en el usuario y el perfil terminó registrándose como Pizza Redonditos.
Lo que nació como una solución práctica terminó convirtiéndose en identidad.
"La gente empezó a conocernos así y le cambiamos el nombre. Después nos dimos cuenta de que el logo podía ser PR, como Patricio Rey. Entonces les pedimos permiso a los abogados de la banda. Nos preguntaron cuál era la idea, se la contamos y nos dijeron que no había problema, que podíamos patentarlo", recordó.
Fernando cuenta que desde la apertura el local se transformó en una parada obligada para muchos fanáticos de la zona. "Mucha gente viene acá, se saca fotos con el mural. Nosotros somos muy fanáticos de Los Redondos y quisimos hacer un lugar en homenaje a ellos porque sabemos lo que significan", explicó.
"A mí me marcó un montón de cosas. Mi adolescencia, mi vida. Mi mujer escucha Los Redondos. Mi hijo escucha Los Redondos. A nosotros nos partió. Es muy triste, pero hay que festejarlo como él nos dijo", remarcó.
Durante toda la tarde, mientras avanzaban los preparativos para la despedida, la escena se repitió una y otra vez. Afuera sonaban Los Redondos. Adentro se acumulaban abrazos, anécdotas y recuerdos. Y cada tanto la tristeza se transformaba en canción.
Hasta que en un momento nadie distinguía demasiado quién había entrado a comer, quién había ido a sacarse una foto y quién simplemente se había acercado a compartir el duelo.
Todos cantaban, todos aplaudían, todos levantaban los brazos.
Mientras tanto, a pocos metros, seguían montando las estructuras que recibirán a miles de personas para despedir al Indio.
Casualidades de la vida o guiños del destino: cuando se abran las puertas del microestadio, el ingreso al último adiós pasará por la esquina más ricotera de todo Avellaneda.