Investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) usaron inteligencia artificial para hacer “evolucionar” criaturas virtuales desde sensibilidad a la luz hasta ojos funcionales, reproduciendo los mismos caminos que siguió la vida real.
El experimento, publicado en la revista especializada Science Advances, muestra cómo soluciones naturales — fotorreceptores dispersos, ojos tipo cámara y ojos compuestos— emergen sin instrucciones previas. Los autores creen que la técnica abre una vía para explorar futuros evolutivos y diseñar tecnologías más robustas.
Cuando Darwin publicó El origen de las especies en 1859, explicó que la selección natural filtra rasgos ventajosos en poblaciones con recursos limitados. Ese mismo principio, llevado al código, acaba de recrear un viejo misterio: ¿por qué la visión evolucionó una y otra vez de manera similar?.
Un equipo de Lund, liderado por el biólogo evolutivo Dan-Eric Nilsson, construyó un mundo virtual poblado de animales artificiales capaces de moverse, pero inicialmente ciegos. Con tareas simples —desplazarse, evitar obstáculos y encontrar alimento— y generaciones que introducían pequeñas variaciones, aquellos individuos que reaccionaban mejor a la luz sobrevivían y transmitían sus características.
No hubo “plan” para crear ojos. Generación tras generación, primero apareció sensibilidad lumínica, luego agrupaciones fotorreceptoras y, finalmente, estructuras capaces de distinguir objetos, conectadas a cerebros primitivos que interpretaban la señal. Lo llamativo es que las soluciones convergieron con las de la naturaleza: fotorreceptores dispersos, ojos de cámara y ojos compuestos emergieron espontáneamente, pese a la simplicidad del entorno simulado.
“Logramos una evolución artificial que produce los mismos resultados que en la vida real”, resumió Nilsson. Más allá de confirmar a Darwin en silicio, el hallazgo plantea nuevas preguntas: ¿por qué la evolución repite ciertas vías y descarta otras? Y, sobre todo, abre aplicaciones fuera de la biología. Ingenieros ya miran estos experimentos para inspirar sistemas técnicos adaptables y eficientes, aprendiendo de la manera en que la evolución resuelve problemas. “Esto es solo el principio”, dijo Nilsson. Con IA se pueden explorar.