La desaparición física del Indio Solari generó una profunda conmoción en el ambiente de la cultura y la música nacional. En Rosario, los locales vinculados a la organización de los viajes hacia los recitales rememoraron la época de oro de las “misas ricoteras” durante la década del 90 y el cambio que sufrió la industria con el paso del tiempo. 

Oscar, titular de Donington, el histórico local céntrico que funcionó como el primer punto de partida de micros hacia los espectáculos, manifestó su tristeza por la pérdida del músico y ubicó al artista en lo más alto de la escena local a Charly García y Fito Páez.

"Se nos fue uno de los grandes compositores, uno de los mejores hombres que vivió en este país temas de música", afirmó el comerciante al móvil de De 12 a 14 (El Tres). El vendedor recordó el fervor de los seguidores en una época previa a las transacciones digitales, las tarjetas de crédito y las filas virtuales. En los años 90, los jóvenes acudían al comercio rosarino y pagaban sus viajes por semana.

La demanda alcanzaba picos muy altos. Según rememoró el organizador, la última gran venta fuerte ocurrió para el concierto de Gualeguaychú, ocasión en la que el negocio despachó seis mil localidades en una sola tarde. Ante la ausencia de sistemas bancarizados, tres empleados en un escritorio recaudaban todo el dinero en efectivo y guardaban los billetes directamente en bolsas de basura por la velocidad que requería la atención al público. La fila de personas para adquirir los pases salía del local y daba la vuelta a la esquina.

Donington coordinó el traslado de contingentes desde la Plaza Sarmiento a partir de 1990. El Indio Solari representó, además, la primera experiencia de viajes internacionales para la empresa de transporte local, cuando los fanáticos cruzaron a Uruguay para un concierto en el Estadio Centenario de Montevideo.

Aquellas travesías incluían anécdotas particulares. El responsable del lugar relató que, durante el regreso de ese viaje a Uruguay, en pleno conflicto diplomático por las plantas pasteras de Gualeguaychú, los asambleístas bloquearon el paso de los colectivos rosarinos y bonaerenses. La situación se destrabó mediante la entrega de algunos recuerdos, fotografías y bocinazos tras diez minutos de espera.

A diferencia de los controles actuales, que exigen un listado previo de pasajeros por unidad, los jóvenes subían al micro de su preferencia para viajar con sus amistades, de acuerdo a lo que contaba el comerciante. Las heladeras con bebidas y comida formaban parte de la previa en la plaza y durante el trayecto nocturno.

Además, Oscar analizó el impacto social de las letras del Indio y descartó que el fenómeno pueda repetirse en la actuialidad debido a las transformaciones en la realidad social del país. La composición del público cambió y las restricciones vigentes modificaron los encuentros multitudinarios.

Aún así, el comerciante pronosticó un fuerte resurgimiento de la obra musical en el corto plazo a raíz del fallecimiento del cantante. Para el referente local, el rock and roll pertenecía a Skay Beilinson, pero la escritura llevaba el sello indiscutible del Indio Solari.