La Dirección de Asistencia y Empoderamiento de las Víctimas, dependiente desde hace dos años de la Secretaría de Control municipal, llevó a cabo 161 intervenciones durante el último año. Las actuaciones se dieron en situaciones de violencia altamente lesiva y conflictos territoriales, en las cuales la repartición desplegó distintos tipos de abordaje, ya sea mediante contacto directo con las víctimas o en articulación con otras agencias del Estado.

Gonzalo Bonifazi coordina desde 2019 el Área de Atención a la Víctima del municipio, que se enmarca en la Coordinación General del Programa de Reducción de Violencias. El funcionario está a cargo de un equipo interdisciplinario compuesto por trabajadores sociales, psicólogos y abogados, cuyo trabajo diario —según explicó— pasa por “revisar cotidianamente las situaciones vinculadas a ingresos por personas heridas de arma de fuego y generar espacios de trabajo con un equipo interdisciplinario, escuchando a las personas y a las familias directamente afectadas”.

Desde la repartición detallaron que, entre las intervenciones desplegadas, en 115 situaciones se realizó una primera escucha, es decir, entrevistas personales o telefónicas con víctimas directas e indirectas. En tanto, en 27 casos se acompañó a las víctimas o a su entorno inmediato en el acceso a la Justicia, asesorando o facilitando la comunicación con la Fiscalía y con quienes tienen a su cargo la investigación.

Asimismo, en 35 situaciones se desarrollaron intervenciones de carácter sociocomunitario, que implicaron la generación de espacios de escucha psicológica, la entrega de recursos económicos o materiales y la articulación con distintas áreas del Estado para colaborar en la reorganización de la vida cotidiana posterior al hecho traumático. En ese marco, el Programa de Reducción de Violencias otorgó acompañamientos económicos a 40 familias.

El secretario de Control municipal, Diego Herrera, destacó la tarea que se viene realizando: “La idea es trabajar muy cerca de las familias, estar en el territorio y acompañar siempre de la manera más humana posible. No es fácil, porque trabajamos con personas que atraviesan situaciones muy dolorosas y complejas. Es un área muy sensible, pero vamos a seguir fortaleciendo este camino”, remarcó.

En relación con el modo en que se despliegan las acciones, Bonifazi explicó que todo comienza “con una primera escucha, siempre interdisciplinaria, y a partir de ahí, del proceso en el que esté la persona o el grupo familiar, empieza el trabajo en distintas dimensiones: cómo se construye el acceso a la Justicia y el vínculo con la Fiscalía; si la persona lo desea, el acompañamiento psicológico como un espacio más individual; y también el abordaje de las consecuencias económicas que deja el hecho”.

“La idea es trabajar muy cerca de las familias", expresó Bonifazi.

“Los recursos que dispone el municipio están para ser puestos a disposición de las personas. Y después hay que ir retrabajando las veces que sea necesario, escuchando de acuerdo a cómo estén, incluso acompañando trámites de pensiones u otros accesos específicos. La mayoría de las veces las personas no tienen por qué saber dónde se hace un trámite ni a qué organismo recurrir, si es competencia del Ejecutivo, del Legislativo, del municipio o de la provincia”, agregó.

A modo de reflexión, Bonifazi destacó que cuando “las personas están atravesadas por algo que irrumpe de manera disruptiva en su vida cotidiana, el primer lugar al que acuden es al municipio. A partir de ahí empieza un trabajo de acompañamiento, de explicar, de ordenar y de ir viendo por dónde y con quiénes corresponde seguir. Ese trabajo requiere claridad, presencia y responsabilidad institucional”.

El caso del fentanilo contaminado

Una de las intervenciones más recientes de la repartición tiene que ver con la tragedia sanitaria del fentanilo contaminado. El área que conduce Bonifazi, junto a la Defensoría del Pueblo, protagonizan un caso único en todo el país, según reconocen los mismos familiares afectados. El caso derivó en 49 muertes en la ciudad, de acuerdo a los números registrados hasta el momento.

Sobre el inicio del trabajo con familiares de víctimas del fentanilo, Bonifazi explicó: “Nosotros ya veníamos desde el mes de septiembre acercándonos al grupo de familiares que se había constituido aquí en la ciudad. El intendente tuvo una reunión con ellos, les explicó qué estaba haciendo la ciudad, por qué el municipio se había constituido como querellante y cómo veíamos la situación nosotros. Y a partir de esa reunión empezamos a trabajar sobre lo grupal y también sobre las cuestiones individuales que iban surgiendo en los grupos familiares”.

“El siguiente paso –siguió Bonifazi- fue empezar a escuchar y a tender puentes hacia la Fiscalía de La Plata (donde se tramita el caso), que ha recepcionado muy bien la escucha hacia la familia. Luego continuamos con el tema de cómo hacerle llegar las historias clínicas, cómo empezar ese proceso ya más de acceso a la Justicia. Ahí nosotros damos un vehículo hacia eso”.

Tras eso, el titular del Área de Asistencia a las Víctimas mencionó que los familiares del resto del país “decían que Rosario es el único lugar que se había dado este proceso de trabajo, de red con distintas instituciones. Por ahí las personas obviamente agradecen mucho a título personal, pero si esto es posible es porque hay instituciones, encarnadas en personas, que nos permiten a nosotros trabajar en conjunto”.

La experiencia del Club Pablo Silva

 

Por su parte, otro caso emblemático en el que el área de Asistencia a Víctimas tuvo activa participación fue con el club Sportivo Pablo Maximiliano Silva, también conocido como club PMS, que actualmente entrena alrededor de 500 jugadores de entre 4 añitos y 30, tanto varones como mujeres, todos oriundos de los barrios Cariñosa, Acindar y Plata. Incluso hay algunos que llegan en bicicleta desde Godoy y Cabín 9, que entrenan con Antonio Silva, su creador, desde los comienzos.

El PMS fue creado por Antonio con la idea de cumplir el deseo de su hijo Pablo, de 14 años, que murió trágicamente por una bala perdida en noviembre de 2018 cuando miraba a sus hermanos jugar un partido de fútbol en un potrero de barrio Itatí.

 Allí entrenan alrededor de 500 jugadores de entre 4 y 30 años. 

La Dirección de Asistencia y Empoderamiento de las Víctimas acompañó desde el inicial al club en su desarrollo integral, consolidándose como un actor clave para su fortalecimiento. Bonifazi destacó que “el acompañamiento con apoyo institucional es mediante la provisión de recursos materiales, equipamiento deportivo, mejoras en infraestructura y una presencia cotidiana que se sostiene en una escucha activa para identificar y dar respuesta a las necesidades emergentes del club y su comunidad”.

Tras eso, mencionó que “estas acciones, enmarcadas en una intervención territorial con enfoque de derechos, han permitido garantizar la inclusión, la participación y el desarrollo de más de 500 niños, niñas y adolescentes de los distritos oeste y sudoeste, promoviendo la cohesión social y la construcción de una cultura de paz”.