Este enero más de 16 mil personas cruzaron a las islas desde la Terminal Fluvial de Rosario, un 40 por ciento más que el año pasado. Y muchas de ellas fueron a alguno de los cuatro paradores ubicados en la única isla santafesina: la Sabino Corsi, más conocida como el banquito San Andrés. Semejante cantidad hizo que ahora la Provincia, que avanza con las obras previstas en el muelle del lado urbano, estudie ubicar un muelle del otro lado. Sin embargo, desde allí advirtieron que antes hay que resolver cuestiones esenciales, como el manejo de la basura, la seguridad e incluso la arena, que desde los paradores tienen que reponer frecuentemente ante el avance del agua.

“Estamos trabajando en los muelles (en La Fluvial), que es una obra de ingeniería realmente importante porque hablamos de una reestructuración del muelle por debajo, que va a permitir una nueva ventana al río, que va permitir mejores servicios para las embarcaciones y los pasajeros”, destacó la secretaria de Transporte, Mónica Alvarado en contacto con el programa Radiópolis (Radio 2), y anunció que “cuando consolidemos los cuatro muelles (del lado urbano) vamos a trabajar del lado de la isla” con la construcción de un nuevo muelle. “Estamos haciendo los estudios de río para ver cuál es el lugar más adecuado”, dijo.  

 Foto: Alan Monzón / Rosario3

Pero desde el banquito San Andrés, Pablo Gesrik Azar, titular del parador Dejá Vú, planteó que la cantidad de gente que llega a sus playas –y a la de los otros tres paradores–, obliga a apurar otros trabajos antes de la construcción del muelle isleño.

Señaló que faltan baños públicos, higiene y seguridad. Y a veces, hasta arena. “Tiramos casi 3 mil metros cúbicos de arena porque no bajaba el río y había que ubicar a la gente. El río se te va llevando la arena permanentemente y casi todos los años que podemos aportamos arena sin ayuda estatal”, observó Azar y llamó la atención sobre otro de los grandes costos: la limpieza. Indicó que la gran mayoría de las personas que cruzan no consume en los paradores y sin embargo los desechos que producen son recogidos por el privado.

“Si vienen 3 mil pasajeros, la gastronomía atiende al 5 por ciento y nosotros limpiamos todo”, apuntó.

“Nos encontramos con un montón de escollos que tenemos que pilotear de forma particular”, aseveró, disponible para asentarse a una mesa entre los privados y el gobierno para, dijo, “consolidar lo que ya tenemos antes que avanzar en el muelle”.

La isla Sabino Corsi es la única rosarina de las que están enfrente de la ciudad y a la que habitualmente cruzan, precisamente, los rosarinos. Tiene 200 hectáreas y se extienden, del otro lado,  entre el extremo sur del parque Urquiza y la desembocadura del arroyo Saladillo. Fue incluida en el catastro provincial en 1994 y en el 97 se la entregó en comodato al Ente Administrador del Puerto Rosario (Enapro). En 2020, el Concejo Municipal la declaró por ordenanza Distrito de Gestión Ambiental. Allí funcionan, además de Dejá Vu, los paradores Sudestada, Vladimir y Punta Arenas.