El papa León XIV lanzó un mensaje contundente sobre el lugar que debe ocupar la tecnología en la vida religiosa y social al establecer que los sacerdotes no deben recurrir a la inteligencia artificial para elaborar sus sermones.
En un encuentro con el clero de la diócesis de Roma, afirmó que la fe se construye desde la experiencia personal y el vínculo directo con los demás, dimensiones que —según planteó— ninguna herramienta digital puede sustituir.
La definición surgió luego de un discurso y un intercambio abierto con curas de distintas edades, en el que el sumo pontífice analizó cómo anunciar el Evangelio en una sociedad atravesada por transformaciones culturales y avances tecnológicos.
Ante la inquietud de un párroco sobre la manera de comunicar el mensaje cristiano sin apelar a fórmulas “anacrónicas”, León XIV fue claro: advirtió sobre el riesgo de delegar en la inteligencia artificial la preparación de las homilías.
Para fundamentar su postura, comparó la mente con un músculo que necesita entrenamiento constante. Señaló que, si no se ejercita, pierde capacidad. Desde su mirada, “predicar no es simplemente transmitir datos o ideas, sino expresar una vivencia espiritual genuina nacida del propio recorrido de fe”.
En esa línea, subrayó que una homilía auténtica se origina en el contacto real con la comunidad y en la historia personal del sacerdote, algo que —remarcó— ninguna tecnología puede replicar ni experimentar.
Como ejemplo práctico, el Papa mencionó una reciente visita al barrio romano de Ostia. A partir de esa experiencia, explicó que antes de dirigirse a los fieles es imprescindible conocer su realidad cotidiana, sus preocupaciones y su contexto social.
Además, animó a los sacerdotes a salir del ámbito estrictamente parroquial y promover actividades culturales, deportivas y sociales que generen espacios de encuentro, especialmente con jóvenes que se han alejado de la institución religiosa.
Otro punto destacado de su intervención fue la creciente sensación de aislamiento que afecta a muchos jóvenes. Según sostuvo, esta problemática se agravó tras la pandemia y el uso permanente de teléfonos inteligentes favorece relaciones más superficiales y distantes.
En su análisis, advirtió que se percibe “una frialdad en las relaciones” que empobrece el contacto humano. Frente a ese panorama, propuso ofrecer experiencias concretas de comunidad y amistad que permitan recomponer los lazos sociales.
También alertó que detrás de la soledad pueden aparecer situaciones más complejas, como el consumo de sustancias, la violencia o el aislamiento extremo. Acompañar esos procesos, señaló, demanda dedicación, escucha y presencia sostenida.
León XIV dejó en claro que no se trata de rechazar la tecnología en bloque, sino de utilizarla con discernimiento.
A su entender, el gran reto de la Iglesia consiste en interactuar con el mundo digital sin resignar lo que considera esencial: el encuentro cara a cara y la dimensión humana de la fe.