En tiempos donde las tendencias virales no reconocen fronteras ni límites, una práctica nacida en Alemania empezó a generar ruido en redes sociales y en las calles de varias ciudades europeas. Se llama “Hobby Dogging” y consiste, ni más ni menos, en salir a pasear un perro que no existe.

Inspirado en el ya conocido Hobby Horsing —esa disciplina en la que personas compiten saltando obstáculos con caballos de madera— el Hobby Dogging traslada la simulación al terreno cotidiano. En lugar de un juguete ecuestre, acá el protagonista es una correa vacía.

Quienes lo practican caminan por parques, plazas y avenidas con arneses o correas que cuelgan hacia el suelo como si estuvieran sujetando a un animal real. Durante el recorrido replican con precisión los gestos habituales de cualquier paseo canino: se detienen para que el “perro” haga sus necesidades, le dan órdenes imaginarias e incluso simulan recoger desechos con bolsitas plásticas.

Los practicantes sostienen que la actividad tiene fundamentos claros y la defienden apoyándose en tres pilares principales.

  • Salud mental y rutina

Uno de los argumentos más fuertes es el bienestar emocional. Según quienes adhieren a esta práctica, para personas que atraviesan soledad o ansiedad social, salir a “pasear al perro” funciona como una excusa concreta para abandonar el encierro, estructurar el día y generar posibles interacciones sociales, pero sin asumir la responsabilidad económica ni el compromiso de tiempo que implica tener una mascota real.

  • Movimiento y combate al sedentarismo

Otro punto a favor es el ejercicio físico. Simular el paseo obliga a caminar distancias que, de otro modo, muchas personas no recorrerían. En ese sentido, el Hobby Dogging se presenta como una forma lúdica de incorporar actividad física a la rutina diaria.

  • Una sustitución “responsable”

También hay quienes lo ven como una alternativa para amantes de los animales que no pueden tener un perro real por normativas de vivienda o limitaciones económicas. En esos casos, la simulación aparece como una vía de escape emocional sin las exigencias de un ser vivo.

Como era de esperarse, la tendencia encendió el debate en TikTok e Instagram. Mientras algunos usuarios lo celebran como una práctica creativa y hasta terapéutica, otros la critican con dureza y la señalan como una muestra de desconexión social y excentricidad innecesaria.