El cielo se prepara para uno de los espectáculos astronómicos más esperados del año. Entre la noche del jueves 27 y la madrugada del viernes 28 de agosto de 2026, todo el país podrá presenciar un eclipse lunar parcial profundo, un fenómeno que ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y proyecta su sombra sobre el satélite natural.
Se trata de un evento de visibilidad nacional que no requiere ningún tipo de equipamiento especial ni protección ocular, y que podrá disfrutarse a simple vista siempre que las condiciones meteorológicas acompañen.
De acuerdo a los datos publicados por la Nasa, el proceso comenzará a las 22.24 del jueves 27 con la fase penumbral, un oscurecimiento sutil y progresivo del disco lunar. Será a partir de las 23.34 cuando comience verdaderamente el eclipse parcial, con el avance de la sombra terrestre sobre la superficie de la Luna. El momento más esperado llegará alrededor de la 1.13 de la madrugada del viernes 28, cuando se alcance el punto máximo de cobertura, con aproximadamente el 93% del diámetro lunar eclipsado. A partir de allí, la sombra comenzará a retirarse: la fase parcial concluirá a las 2.52 y el eclipse finalizará por completo a las 4.02 de la madrugada.
Una de las principales virtudes de este tipo de fenómeno es su facilidad de observación. A diferencia de los eclipses solares, los lunares no representan ningún peligro para la vista humana. Así lo explicó Adrián González, divulgador científico del Planetario Galileo Galilei, quien señaló en declaraciones al diario La Nación que, si el cielo no está nublado, cualquiera puede observarlo desde el patio de su casa o desde la vereda de la calle. Si bien no se necesita instrumental complejo, el uso de binoculares o de un telescopio básico puede realzar la experiencia al permitir distinguir con mayor claridad los cráteres y los relieves durante el ensombrecimiento.
Aunque el eclipse será visible en todo el territorio nacional, los especialistas recomiendan, para obtener una mejor experiencia, buscar lugares alejados de la contaminación lumínica de los grandes centros urbanos. En la oscuridad del campo o en zonas altas y despejadas, el contraste y la coloración del fenómeno se aprecian con mayor intensidad.
Durante el máximo del eclipse, la Luna adquirirá tonalidades rojizas y cobrizas, lo que popularmente se conoce como “Luna de sangre”. Lejos de tratarse de un cambio de color propio del satélite, el efecto responde a un proceso físico conocido como dispersión atmosférica. La luz solar que atraviesa la atmósfera terrestre se descompone y dispersa; mientras los tonos azules se filtran, los rojos y anaranjados logran atravesarla y alcanzar la superficie lunar. Aunque visualmente el efecto será similar al de un eclipse total, técnicamente se trata de un eclipse parcial al no producirse una ocultación completa del disco.