El Sol atraviesa un pico de actividad con una serie de llamaradas de clase M emitidas en un corto período de tiempo. Varias de esas erupciones estuvieron acompañadas por eyecciones de masa coronal, CME, que viajan rumbo a la Tierra.

El Centro de Predicción del Clima Espacial de la NOAA confirmó que al menos una de esas CME tiene un componente dirigido al planeta. El análisis de los eventos continúa, pero ya se anticipan condiciones de tormenta geomagnética leve a moderada, con categoría G1 a G2, debido al impacto de estas tormentas solares.

La física solar Tamitha Skov señaló en X que más de cinco tormentas solares se dirigen hacia la Tierra. “Las predicciones de los modelos de la NOAA y la NASA aún no muestran todas las tormentas”, explicó. La rápida sucesión de erupciones complica el modelado. Según Skov, si las CME entrantes tienen una orientación magnética favorable, la conexión con el campo magnético terrestre será más eficiente y los efectos podrían intensificarse.

Efectos más allá del cielo

Cuando se producen tormentas geomagnéticas de estas categorías, los impactos más relevantes ocurren en tierra y en órbita:

En los satélites y comunicaciones, las partículas de alta energía pueden cargar circuitos y degradar paneles solares. Los operadores suelen activar modos de protección. Las señales de radio de alta frecuencia, utilizadas por aviación y radioaficionados, pueden sufrir apagones temporales o interferencias que duran desde minutos hasta horas.

En las redes eléctricas, las corrientes inducidas geomagnéticamente pueden provocar fluctuaciones de voltaje y sobrecargar transformadores, sobre todo en latitudes altas. Las empresas del sector energético monitorean el índice de actividad geomagnética y aplican medidas preventivas para evitar daños en infraestructura crítica.
GPS y sistemas de navegación: La alteración de la ionósfera introduce errores en el posicionamiento. Sectores como agricultura de precisión, topografía, perforación y aviación pueden registrar desviaciones de varios metros. Los sistemas de aterrizaje basados en GNSS también son sensibles a estos cambios.

En cuanto a la aviación, durante tormentas solares, aumenta la dosis de radiación en vuelos a gran altitud y se degradan las comunicaciones HF. Por protocolo, las aerolíneas evalúan desviar rutas polares para proteger a tripulaciones y pasajeros, y asegurar el enlace con control de tráfico aéreo.

Por su parte la infraestructura terrestre como oleoductos, gasoductos y cables submarinos largos pueden sufrir corrosión acelerada por corrientes inducidas. Los operadores refuerzan la protección catódica mientras dura el evento.

La intensidad final del evento dependerá de cómo interactúen las CME entre sí y de la orientación de sus campos magnéticos al momento del impacto. Si el campo de la tormenta se alinea en sentido opuesto al terrestre, la transferencia de energía aumenta y los efectos se vuelven más notorios.