Murió Sebastiana Barrera, la madre del soldado Omar Carrasco cuyo crimen en 1994 mientras cumplía con el Servicio Militar Obligatorio en Neuquén, puso fin a la colimba. Su deceso se conoció esta semana y algunos medios lo fecharon este miércoles, pero el diario Río Negro confirmó que fue el 26 de diciembre de 2025. La última vez que habló con ese medio fue en 2019 cuando se excusó y evitó ser entrevistada a propósito de los 25 años del asesinato de su hijo.  

Omar Carrasco fue visto con vida por última vez el  6 de marzo de 1994 cuando dos soldados se lo llevaron para un "baile", como se conoce a una rutina física extrema, y nunca regresó. Dos semanas después, Sebastiana y su marido, Francisco Carrasco, lo habían ido a visitar al regimiento del Grupo de Artillería 161 de Zapala, donde cumplía el servicio militar y les dijeron que había desertado. Nunca lo creyeron e inmediatamente comenzaron a buscarlo.

Lo encontraron el 6 de abril en un descampado cerca del Cerro Gaucho con signos de momificación, la piel ennegrecida, un ojo en estado de putrefacción y con un pantalón militar pulcro y planchado.

“Quiero mirar a los ojos a los asesinos de mi hijo”. Fue el único pedido que hizo Sebastiana Barrera al general Martín Balza, por entonces jefe del Ejército, cuando se lo encontró en el microcine del Grupo de Artillería de Zapala.

El crimen de Carrasco

Según reconstruyó la agencia Noticias Argentinas, el cuerpo del soldado Omar Carrasco fue encontrado aquel 6 de abril de 1994 cerca del Cerro Gaucho, en un lugar que habían peritado días antes y en el que no había rastros humanos.

En la mañana de ese día, Carlos Díaz, comandante de la Sexta Brigada de Infantería de Montaña, informó la aparición de un cuerpo a la prensa, pero el rastrillaje todavía no había concluido cuando él divulgó la información.

Desde la aparición del cuerpo y hasta el juicio las contradicciones se sucedieron sin fin, hasta que el informe del perito oficial Enrique Prueger estableció las causas de la muerte.

El Ejército había señalado que Carrasco quiso escapar y murió de frío, una teoría que cayó con la aparición del cuerpo.

Los dos peritos que intervinieron en el caso coincidieron en que el soldado murió por los golpes de sus superiores.

Alberto Brailovsky, médico legista de la Policía Federal, estableció que el cuerpo del conscripto tenía costilla fracturadas, pero no murió ni de una lesión en el ojo izquierdo, ni por un hemotórax agudo, sino por una contusión pulmonar traumática, cianótico por falta de oxígeno en la sangre, tras una dolorosa agonía, mientras la lenta hemorragia interna comprimía su pulmón derecho hasta asfixiarlo. Además, manifestó que recibió atención médica deficiente y hasta se le dio una inyección ya muerto.

Enrique Prueger, perito oficial, remarcó: "A Carrasco lo mataron a patadas, no le dieron atención médica y lo dejaron morir. Se muere de algo que no se tenía que haber muerto porque si lo hubieran atendido se salvaba”.

Además, en el documento final, el perito marcó que el cuerpo presentaba una forma que no se correspondía con el del descampado donde fue hallado y probó las condiciones climáticas que permitieron que una mosca genere larvas en el ojo de la víctima, cuyas muestras estaban en una letrina del baño abandonado del Regimiento.

El subteniente Ignacio Canevaro fue condenado a 15 años de prisión por el crimen de Carrasco y los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar a 10 años, al tiempo que el suboficial Carlos Sánchez fue condenado a tres años por encubrimiento.

En un segundo juicio, denominado el caso Carrasco II, que investigó las circunstancias que rodearon la muerte del soldado en la unidad militar de Zapala, los siete militares investigados por encubrimiento fueron sobreseídos.

El 31 de agosto de 1994, luego de las condenas, el presidente de la Nación Carlos Menem dispuso el final del Servicio Militar Obligatorio e implementó un sistema de voluntariado rentado.