Científicos confirmaron mediante un estudio que una muestra del asteroide Ryugu contiene adenina, guanina, citosina, timina y uracilo. Estos compuestos son las "letras" del código genético, las nucleobases que forman los peldaños de la doble hélice del ADN y del ARN, pilares de toda la vida conocida.

El descubrimiento es de suma importancia porque asteroides carbonáceos como Ryugu, formados hace 4.600 millones de años al inicio de nuestro sistema solar, se han mantenido como "registros fósiles" inalterados de aquella era. La presencia de estas moléculas orgánicas en un cuerpo celeste tan antiguo sugiere que la química precursora de la vida pudo ser un proceso común y no exclusivo de la Tierra, ofreciendo pistas cruciales sobre cómo estos compuestos pudieron ser transportados a través del cosmos, según el estudio publicado en la revista especializada Nature Astronomy.

La misión Hayabusa 2 de la Agencia Aeroespacial Japonesa (JAXA) fue la encargada de recolectar estas valiosas muestras entre 2018 y 2019, trayéndolas de regreso a la Tierra el 5 de diciembre de 2020. Desde entonces, el estudio detallado de estas rocas espaciales reveló ya sorprendentes datos, como la existencia de agua líquida en la superficie de Ryugu en algún momento de su historia, reforzando la hipótesis de que asteroides y cometas pudieron haber sembrado la Tierra con agua y compuestos orgánicos.

El equipo liderado por el biogeoquímico de JAXA Toshiki Koga, comparó los resultados de Ryugu con los de otras muestras extraterrestres, como las del asteroide Bennu (traídas por la misión OSIRIS-REx) y los meteoritos Murchison y Orgueil. Se observaron diferencias significativas en las concentraciones de purinas (adenina y guanina) y pirimidinas (citosina, timina y uracilo) entre estas muestras. Ryugu, por ejemplo, presenta cantidades comparables de ambos tipos, mientras que Murchison es más rico en purinas y Bennu (a través de las muestras de Orgueil) en pirimidinas.

Estas disparidades químicas reflejan las diferentes historias evolutivas y entornos de origen de estos cuerpos celestes, subrayando la diversidad de procesos que pueden ocurrir en el espacio. El estudio refuerza la idea de que los asteroides desempeñaron un papel fundamental en la creación de la diversidad química que fue esencial para el surgimiento de la vida en nuestro planeta. La implicación más profunda de esta investigación es la posibilidad de que los componentes básicos del ADN y el ARN estén ampliamente dispersos por todo el sistema solar, lo que abre nuevas perspectivas sobre la habitabilidad y el origen de la vida más allá de la Tierra.