Con el objetivo de evitar un deterioro mayor al ya producido por el consumo de la sustancia, dos ONG repartieron kits personales de pipas para fumar cocaína en una plaza porteña. La iniciativa apunta a reducir daños, aquel concepto que se conoció en la década del 80 con la entrega de jeringas descartables a los adictos a drogas intravenosas, para así evitar el contagio de VIH. Hoy, esa práctica se replicó en el barrio de Constitución con piperos, los adictos a la pipa.
La actividad congregó a unas 65 personas y tuvo lugar esta semana en la porteña Plaza Garay, y contó con la participación de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar) y la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (Arda). En el comunicado de prensa se mencionó la realización de un relevamiento para una investigación científica.
La entrega de estos materiales se limitó a 39 kits que donó la ONG norteamericana de reducción de daños Smoke Works, originaria de Boston y con experiencia en la producción de pipas para los adictos al crack, similar a la pipa en la Argentina.
Los kits, con el polémico eslogan “si pinta un pipazo que pinten los cuidados”, incluyeron pipa de vidrio, boquillas, filtros (virulana) e información de “cuidado” dirigida a personas que ya consumen y buscan reducir riesgos como cortes y quemaduras asociados a materiales como tubos de metal improvisados.
“La propuesta es continuar en otras provincias con organizaciones locales, mantener un núcleo metodológico común y realizar seguimiento para evaluar el uso de los kits y sus posibles efectos sobre la salud”, dijeron desde Arda.
Pandemia
El consumo de cocaína en pipa –no es la pasta base conocida como paco ni el porro mezclado con cocaína conocido como nevado– se extendió gravemente en el último lustro en la Argentina, aunque ya se conocía en la década pasada.
Cocaína de mala calidad, tubos de metal, cucharas quemadas, bicarbonato y encendedores modificados para obtener una llama mayor son las postales que acompañan a los consumidores, que rápidamente sufren un deterioro físico y cognitivo y no tardan en quedar en situación de calle.
Fabián Messina, vicepresidente de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales de la Argentina para la Prevención y el Tratamiento del Abuso de Drogas (Fonga), dijo que la pipa “no es una droga social en absoluto. Se consume por lo general en soledad, en un cuarto, una obra o tirados en una habitación”.
El médico, conocedor de cerca de esta pandemia, dijo que la pipa “produce un gran daño cognitivo, pero también físico, social, familiar… es terrible lo que genera y alarmante cómo sigue creciendo”.
“La droga no es sinónimo de delincuencia, pero esta forma de consumo y este tipo de sustancia te pone en riesgo, porque la próxima dosis se consigue como sea, a cualquier precio”.