El equipo de desarrollo social de la Fundación Bunge y Born (FBB) presentó un original “Nido”. Se trata de un novedoso índice social, que puede ser utilizado por los dirigentes políticos y sus equipos para hacer mejores y más efectivas políticas públicas. El “Nido” pone en blanco sobre negro cómo se distribuyen hoy en Argentina las oportunidades para el mejor –o peor– desarrollo infantil temprano.
Y eso puede ser usado para armar un ranking de oferta de calidad de desarrollo, que muestra las localidades que dan los mejores entornos de desarrollo social para los chicos.
“Esto se da en un contexto clave: Los primeros años de vida son una etapa decisiva para el desarrollo de las personas, dado que es el período en el que se consolidan capacidades físicas, cognitivas, emocionales y sociales que inciden en las trayectorias futuras”, explicó Gerardo della Paolera, director ejecutivo de la Fundación Bunge y Born. En ese sentido, las oportunidades dependen, en buena medida, de las condiciones del entorno en el que cada niño o niña nace, vive y se desarrolla”.
Justamente, los expertos de la FBB recordaron que “los cinco primeros años de vida de los chicos son esenciales para su posterior desarrollo cognitivo, social y personal. Esos años son el momento en el que sus cerebros se desarrollan mejor (o peor). Y para hacerlo bien es esencial que este “reciba” los nutrientes adecuados en un sentido amplio”.
Justamente, analizando este índice, desde la Fundación lograron armar un ranking de las veinte ciudades y localidades argentinas que ofrecen mejores condiciones de vida para la primera infancia. O sea, los lugares donde es posible intentar las mejores crianzas, con las condiciones más adecuadas.
Cómo se arma el “Nido”
El flamante Índice Nido de la FBB, es una herramienta que permite “visibilizar las desigualdades territoriales, al tiempo que ofrece lineamientos para la asignación de recursos y el diseño de intervenciones focalizadas y equitativas que puedan ser aprovechadas por multiplicidad de actores”.
Por ejemplo, esta herramienta podría ayudar a un gobernador -o a un intendente- a decidir dónde resulta más efectivo para su población invertir en un nuevo centro de salud infantil o mejorar la infraestructura educativa. O, incluso, algo tan simple como habilitar una plaza o mejorar un espacio verde.
Es que para armar este índice se combinan múltiples dimensiones que inciden sobre el bienestar infantil: desde el acceso a la salud y a la educación, a la cercanía a espacios verdes y las condiciones del contexto socioeconómico.
“Mientras que 7 de cada 10 niños en Argentina viven en situación de pobreza (UNICEF, 2024), ocuparse e invertir en este período resulta una prioridad ineludible para reducir las brechas de desigualdad en el futuro y generar un ahorro en la inversión pública a largo plazo”, cerró della Paolera.
El ranking de mejores ciudades para la crianza
Encabeza la Ciudad de Buenos Aires, y lo sigue en segundo lugar el municipio de Vicente López. El tercero del ranking es Rafaela, en la provincia de Santa Fe.
Se ordenan luego Olavarría, en la provincia de Buenos Aires; Mendoza, en la provincia de Mendoza. Junín, en la provincia de Buenos Aires. Paraná, en la provincia de Entre Ríos. Godoy Cruz, en Mendoza. Rosario, en Santa Fe. Río Cuarto, en la provincia de Córdoba. Santa Rosa, en la provincia de La Pampa.
Córdoba capital. Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. Santa Fe, provincia de Santa Fe. Puerto Madryn, provincia de Chubut. San Salvador de Jujuy, provincia de Jujuy. Bariloche, provincia de Río Negro. Cipolletti, provincia de Río Negro. Resistencia, en el Chaco y -finalmente en el puesto número 20- Neuquén capital.
Los datos que importan
- En 2022, el 43.5% de los niños y niñas de 0 a 5 años no asistía a establecimientos de Nivel Inicial. Quienes viven lejos de centros urbanos suelen comenzar más tarde la escolaridad, una brecha que luego se refleja en el desempeño y en la continuidad educativa.
- En las grandes ciudades, 5 de cada 25 niños y niñas de hogares de menor nivel socioeconómico no tiene acceso a espacios verdes, mientras que esta situación afecta solo a 1 de cada 25 niños y niñas de hogares con mayores ingresos.
- En 240 localidades del país hay que viajar más de dos horas en auto para llegar al hospital público más cercano. La distancia es una limitación: cuando la infraestructura sanitaria queda lejos se vuelve difícil acceder a controles, estudios o tratamientos.