El 15 de noviembre de 2006, unos minutos después de las 17, una granizada sin precedentes sorprendió en la ciudad de Rosario y otras localidades de la región con vientos de 115 kilómetros por hora y piedras de hasta 10 centímetros. Luego, se lamentó una víctima fatal: Dora Cabral, de 87 años, oriunda de Santa Fe, había sido atropellada en ese contexto por un auto que se dio a la fuga, y falleció poco después en el hospital de Emergencias Clemente Álvarez. Como en un film distópico, hubo cientos de heridos de diversa gravedad, y destrucción generalizada.
¿Dónde te encontrabas, y qué estabas haciendo aquel miércoles por la tarde, cuando el cielo anocheció por un rato y los destrozos fueron totales en autos estacionados, persianas y ventanales de Rosario y otras ciudades cercanas? En el comienzo del año en que se cumplirán dos décadas de aquel suceso histórico, la editorial rosarina ōmachi dio a conocer públicamente una convocatoria muy simple y a la vez muy seductora. Bajo la consigna de hacer memoria de un suceso natural que se volvió social y con múltiples consecuencias, convoca a sumar testimonios, porque el recuerdo del momento histórico está plasmado en la memoria de múltiples maneras, y promete ser un prisma que refleje el cuerpo social revisitado dos décadas después.
“Era estudiante de Letras, y justamente estaba estudiando Literatura Europea II en mi departamento cuando el cielo se puso verde. Pude verlo bien desde el séptimo piso donde vivía en calle Zeballos en barrio Martin”, recordó el editor y docente de música, Ernesto Inouye, impulsor de la convocatoria, en diálogo con Rosario3.
En el sitio web ya hay entusiastas que sumaron sus relatos sobre ese día, los cuales se pueden apreciar ya geolocalizados en un mapa de la ciudad. El objetivo final es sacar en noviembre una publicación en formato libro con una selección de estas experiencias "y así abarcar la más amplia geografía rosarina", prometió el editor.
“Estaba en La Siberia, en la Escuela de Música. Estábamos por salir, y ahí se largó con todo. Me acuerdo de que se rompió el techo del auditorio del salón de actos, y los que estábamos ahí fuimos a correr los pianos porque se mojaban. A uno del personal no docente le cayó una piedra en la cabeza. Le sangraba, y el loco andaba con un pañuelo sosteniéndose y empujando los pianos”, reza el testimonio de Alejandro Bluhn en un texto desplegado sobre el pin en el mapa ubicado en barrio República de la Sexta, el barrio universitario de zona sur.
La editorial ōmachi está ubicada en los márgenes de Pichincha, y su creador es Inouye, quien precisó: "Todo lo que busco publicar atraviesa historias del territorio, con observación hacia lo social y lo histórico como ejes en común”. Justamente, el último libro de esta editorial fue el año pasado, una reedición de 40 esquinas de Rosario , un libro escrito a ocho manos por él junto a Agustín Alzari, Bernardo Orge y Matías Píccolo 12 años atrás.
Dar testimonio, por escrito o de forma oral
Ernesto Inouye destacó que todo aquel que quiera compartir su recuerdo sobre dónde se encontraba y qué estaba haciendo aquella tarde de la gran pedrada, puede hacerlo de dos maneras: por escrito o, si resulta más sencillo, relatarlo en un audio de WhatsApp, en el mismo sitio web de la editorial. Desde allí, él será el encargado de transcribirlo (si es audio), y realizar la edición y compilación final.
La posibilidad de compartir el testimonio de modo escrito u oral en audios “para que la escritura no sea un impedimento para nadie”, fue un acierto inesperado. “Ya viendo algunos, me di cuenta de que en ambos formatos, encuentro cosas interesantes. El escrito quizás tiene desarrollo, pero el audio del recuerdo tiene espontaneidad e imágenes que lo hacen muy ágil cuando lo paso a texto”, observó.
Para Inouye “la pedrada fue uno de esos hechos históricos que todos recordamos". Y confió en ese sentido: “Me interesan esos momentos, que no son tantos. Y me di cuenta de que este año se cumplen los 20 años. La sensación es que con los recuerdos fragmentarios de tanta gente se construye un relato conjunto que identifica a todos en el momento histórico”.
El proyecto está en marcha: "Mientras recabo los testimonios voy pensando la maquetación y edición con tiempo. Siento que muchos quieren compartir su vivencia, ya que el hecho irrumpió lo cotidiano porque eran las cinco de la tarde de un día hábil, por lo que muchos fueron sorprendidos fuera de su casa”, mencionó.
Confirmó que al portal de la editorial ya están llegando muchos testimonios, y es muy diverso el modo en que se expresa la gente: “Hay mensajes muy breves y los hay superlargos. Pueden convivir con sus diferencias. Cuando pase el proyecto a papel, voy a seleccionar algunos”.
La idea es tomar historias que representen cada barrio y región. “La Circunvalación no tiene por qué ser un límite, ya que cayó piedra en Villa Gobernador Gálvez, en Pérez, Baigorria, y otras varias localidades aledañas”, aseguró Inouye, y adelantó sobre la maquetación y el diseño: “Todavia no pensé la parte estética del libro, si será con o sin fotos, qué tipo de tapa o lomo. Pero, como en los libros anteriores, me gusta pensar la parte material y que sea lindo”.
El nombre de un origen, en una gran ciudad
El nombre ōmachi responde a los orígenes del bisabuelo de Ernesto, un inmigrante japonés que salió de un pueblo pequeño llamado así, y cuyo significado (paradójico) es “gran ciudad” en el idioma nipón. Y como los temas que edita siempre habitan estas pampas, el nombre quedó en homenaje a esos orígenes orientales.
“Mi bisabuelo inmigró hacia Brasil entre cientos de otros japoneses a comienzo del siglo pasado. Desde allí se fue a trabajar a cafetales, casi como esclavo, se pudo escapar, y vino a la Argentina. Vivió en Buenos Aires, después en Concordia (Entre Ríos), y finalmente en la ciudad de Santa Fe. Mi padre nació ahí, y me tuvo en Carcarañá. Yo soy rosarino, pero tengo mis raíces allá, me vine a los 13 años”, explicó.
La editora de Ernesto Inouye comenzó cansina, con plaquetas hace seis años, antes de configurarse editorial: “Primero, sin una idea clara de editorial, publiqué una primera plaqueta de la traducción que hice del viajero inglés Edward Knight, quien viajó por toda la Argentina en 1880, y entre los lugares, Cañada de Gómez, Carcarañá. Era un texto que me gustaba y no estaba traducido. Y como soy de esos pagos, me interesó publicarlo. Después hice una segunda plaqueta con otros fragmentos de su libro”.
Con el nombre del sello ōmachi, el primer título que publicó fue Reminiscencias de un viaje a Lituania, de Jonas Mekas. “Hasta hace un tiempo lo hacía sin exigencias, pero me vengo poniendo horarios, para organizar la producción y distribución”, aseguró.
La editorial de Inouye trabaja a pequeña escala, con encuadernación manual y numerada, y su estética distintiva está en sus tapas, creadas artesanalmente con una prensa de grabado. Lila Gianelloni, Érica Brasca, Yoshito Matsushige, Aníbal Troilo y Jonas Mekas son algunos de los autores publicados al momento.
El editor, que también da clases de música, de acordeón y de piano, recordó que, entre sus trabajos editoriales, y prologó el libro Poesía Reunida de Facundo Marull (Editorial Municipal de Rosario) y también La expedición del Falcon (Eduner-UNL), del cronista inglés Knight, completando aquellas primeras tareas que armó en plaquetas.
“Estudié inglés en institutos, viajé a Irlanda con la música, y de adolescente, hice un intercambio en Estados Unidos. No soy traductor, pero me gusta hacerlo, y mi hermana me asesoró, que es traductora formal”, finalizó.