Hace unos 70 millones de años, mucho antes del meteorito que cambiaría la historia de la Tierra para siempre, el sur era un paisaje vibrante. Detrás de las cadenas de médanos costeros patagónicos, se formaban pequeñas lagunas de agua dulce donde la vida estaba en auge. Ahí, bajo la sombra de inmensos titanosaurios y temibles carnívoros, escurría sus diminutos 10 centímetros de largo un escamoso escurridizo. Hoy, los restos de esta lagartija, bautizada como Paleoteius lakui, asoman a la superficie en las rocas de la Formación Allen, revelando un capítulo desconocido de nuestro pasado prehistórico.  

El descubrimiento, publicado en la revista Scientific Reports, representa el esqueleto de lagarto terrestre del Cretácico Superior más íntegro encontrado hasta el momento en América del Sur. Se trata de una pieza fundamental apoyada por diversas instituciones y proyectos, como National Geographic, cuyo objetivo radica en comprender cómo funcionaban los ecosistemas justo antes de la extinción masiva.

Los investigadores que realizaron el hallazo en Río Negro. (Agencia CTyS-UNLaM)

“Nosotros en general poseemos información de los grandes animales, que resultan más fáciles de divisar en el campo. En cambio, cuando toca hablar del desarrollo evolutivo de quienes los acompañaban, como ranas, peces o pájaros, los registros escasean”, señala uno de los autores del trabajo, Federico Agnolin, investigador del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y la Fundación Azara, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM.

De hecho, el registro fósil de escamosos terrestres mesozoicos es muy pobre en el hemisferio sur, representando actualmente menos del 6 por ciento de la cantidad de especies descritas para las masas continentales del norte.

Un cráneo revelador y detalles anatómicos inéditos

La estrella de esta campaña científica es un individuo que preserva no solo un cráneo parcial, sino también vértebras del tronco y partes de los huesos de las extremidades, como el fémur y el húmero. A pesar de su tamaño reducido, la preservación excepcional en la roca permitió a los especialistas identificar rasgos anatómicos únicos.

En este sentido, la longitud total de su mandíbula completa es de apenas 21,6 milímetros. Además, el espécimen posee una cantidad de dientes inusualmente alta, contando con 37 posiciones dentales en el hueso dentario y 27 en el maxilar. Estos dientes son pleurodontes, altos, delgados y carecen tanto de cúspides adicionales como de ornamentación en el esmalte.

Una recreación de cómo habría sido esta lagartija del Cretácico Superior. (Agencia CTyS-UNLaM)

Por último, el techo craneal exhibe una fuerte ornamentación atípica, compuesta por grandes tubérculos subovalados a subtriangulares que se encuentran bien separados entre sí.  

“Muestra una combinación de características que no existía en ningún otro espécimen conocido hasta ahora. Por eso resulta tan interesante”, subraya Agnolin.

Evolución en el fin del mundo y el origen de su nombre

El nombre elegido para esta nueva especie esconde un profundo homenaje a la región y su historia lingüística. El término "Paleo" hace referencia a lo antiguo, mientras que "teius" proviene de "teyú", el vocablo en idioma tupí-guaraní más común para referirse a los lagartos en el territorio argentino. Por su parte, el epíteto específico "lakui" se deriva de la palabra "laku", que significa "abuelo" en mapudungun, el idioma mapuche.  

Este vertebrado pertenece al grupo taxonómico Scincomorpha, estando estrechamente emparentado con la actual familia Xantusiidae. Históricamente, la comunidad académica consideraba que este linaje había surgido en el hemisferio norte, donde otra familia dominaba ampliamente durante el Maastrichtiano. Sin embargo, el nuevo fósil rionegrino pone en jaque ese paradigma.

El hallazgo de Paleoteius lakui indica la presencia de un linaje de escamosos en Sudamérica hasta ahora no reconocido, lo que implica una profunda historia evolutiva "fantasma" de al menos 40 millones de años. Según los expertos, esta evidencia demuestra que las faunas de escamosos de los hemisferios norte y sur eran estructural y taxonómicamente muy diferentes entre sí. 

El tesoro frágil de un salitral
 

El escenario de este trabajo de película se ubica en el área conocida como Salitral Ojo de Agua, específicamente en la Estancia Arriagada, a unos 70 kilómetros al sur de la ciudad rionegrina de General Roca. Este entorno árido actúa como una verdadera cápsula del tiempo, capaz de resguardar huesos extremadamente frágiles que, en otros contextos geológicos, terminarían destruidos por carroñeros o por la simple erosión climática.  

Las tareas de excavación allí requirieron una paciencia quirúrgica por parte del equipo multidisciplinario. (Agencia CTyS-UNLaM)

Las tareas de excavación allí requirieron una paciencia quirúrgica por parte del equipo multidisciplinario que incluyó, entre otros, a Mauro Aranciaga-Rolando, Gerardo Álvarez-Herrera y Ana Moreno Rodríguez en las exhaustivas tareas de extracción y preparación técnica.

“Avanzamos muy despacito, porque las piezas son tan pequeñas que, si pegás un piquetazo de más, capaz que destruís un esqueleto entero”, advierten sobre las enormes dificultades del trabajo de campo. Hoy, gracias a su labor, Paleoteius lakui refuerza firmemente la idea de que los pequeños escamosos terrestres también estaban ampliamente diversificados en los continentes del sur antes de la gran extinción masiva.