Volver a cruzar el umbral de la Escuela Nº 40 Mariano Moreno no fue un trámite más de un jueves por la mañana. En San Cristóbal, una ciudad de 18 mil habitantes donde todos se conocen por el nombre o por el apodo, el regreso a las aulas tuvo un peso distinto.

Este 16 de abril, a las 8.45 de la mañana, fue para tercer año —mismo curso que Gino, el tirador— el primer izamiento de la bandera sin Ian. El silencio que rodeó ese momento dolió más que cualquier grito.

Estuve ahí, compartiendo ese primer contacto con la escuela. Lo más impactante no fue el protocolo, sino la mirada de los chicos.

Había una mezcla de incertidumbre y una tristeza contenida que terminó de romperse apenas cruzaron la puerta del colegio. El llanto se hizo presente, recordándonos que, aunque la vida administrativa sigue, el corazón de una comunidad educativa tarda mucho más en sanar.

El club como refugio

En medio de este clima de duelo, la comunidad buscó formas de canalizar el dolor. Y ahí apareció el Club Independiente, el lugar donde Ian corría detrás de la pelota con sus compañeros de la categoría 2013.

No es casualidad que las instituciones deportivas sean las primeras en reaccionar: en pueblos y ciudades del interior, el club es el tejido que sostiene cuando todo parece desmoronarse.

Desde el club decidieron que Ian se quedara en su lugar para siempre. Elaboraron un cartel conmemorativo que será colocado en la secretaría de la institución, un gesto pequeño en dimensiones pero gigante en simbolismo.

El cartel que estará colgado en la secretaría del club Independiente de San Cristóbal.  Foto Alan Monzón (Rosario3)

Andrés Giménez, presidente de Independiente, habló con El Tres y Rosario3 y dio detalles del trabajo que vienen haciendo y de lo que significa este homenaje: “Nosotros, como club, sentimos que teníamos que estar presentes de una manera que trascienda el campo de juego. Este cartel es un pedacito de nuestra institución que le entregamos a la escuela. Queremos que los chicos sepan que su compañero está acá, que no se olvida".

El club, un lugar de refugio. Alan Monzón (Rosario3) 

Giménez también hizo hincapié en la responsabilidad que asumieron como dirigentes ante una tragedia que conmovió a cada rincón de la ciudad: “El club hoy es mucho más que un lugar para venir a practicar un deporte. Se convirtió en el espacio para la charla, para la contención, para que los chicos puedan sacar lo que tienen adentro. No podemos mirar para otro lado cuando uno de nuestros pibes nos falta".

La red que sostiene

La nota de este regreso a clases no se agota en el uniforme escolar. Se completa en la sede del club, en el banco de suplentes donde hoy sobra un lugar, y en la palabra de los adultos que entienden que la contención no es un concepto abstracto, sino una guardia permanente.

San Cristóbal demostró que, ante un caso que conmociona y paraliza, la salida es colectiva. Incluso la Liga Rafaelina obliga desde entonces a que cada club participante tenga charlas diarias con todos los que asisten al club y en caso de no hacerlo, puede haber sanciones. ¿Y por qué no replicarlo en las demás ligas? ¿O siempre tiene que pasar alguna tragedia para que todos estemos alertas y empecemos a trabajar con los más chicos?

El club existe para eso: para ser el lugar donde se habla de lo que duele, donde se ayuda al que no puede caminar solo y donde, entre todos, se intenta transformar el vacío en memoria activa.

Hoy, en la secretaría del club hay un cartel que lo recuerda, pero sobre todo hay una comunidad que decidió no soltarle la mano a nadie.