Memorias venerandas de otros días,
soberbios monumentos,
del pasado esplendor reliquias frías,
donde el arte vertió sus fantasías,
donde el alma expresó sus pensamientos.
En su poema Ruinas, la poeta dominicana Salomé Ureña reflejó a través de la lírica la esencia de la zona colonial de Santo Domingo, en donde hasta la actualidad se preservan las huellas arquitectónicas de una época que transformó este sector de la isla La Española y marcó la identidad de la capital de República Dominicana.
Aunque esta ciudad se ha convertido en la metrópolis más importante del país, sumando más de 4 millones de habitantes entre el área metropolitana del Distrito Nacional y la provincia de Santo Domingo, su corazón histórico y cultural sigue siendo el mismo desde hace más de 500 años.
Ciudad Colonial, el barrio histórico central de Santo Domingo, es un área de preservación arquitectónica en el que se pueden visitar los edificios que se levantaron cuando Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal y designado gobernador de la isla, decidió instalar aquí el que se convertiría en el primer asentamiento permanente en América de los colonizadores de la Corona de Castilla.
El origen de la “Primera Ciudad del Nuevo Mundo”
Si bien Santo Domingo se estableció como base fija de los colonos europeos que llegaron a territorio americano, no se trató del lugar del primer desembarco en la isla La Española. El 12 de octubre de 1492, varios años antes de su fundación, Cristóbal Colón tocó tierra en la isla Guanahaní, en el archipiélago de las Bahamas.
Desde allí siguió navegando por la región de las Antillas Mayores, en donde se estima que había una población de 400 mil indígenas. Rodeó las costas de Cuba y, en la navidad de ese mismo año, una tempestad provocó que una de las tres carabelas de su expedición –la Santa María– encallara en la costa norte de La Española, en el actual territorio de Haití.
Desde entonces, los colonos iniciaron una serie de intentos fallidos por establecerse en el territorio. Primero fue con el Fuerte Navidad, levantado con los restos de la carabela y destruido menos de un año después por los indígenas taínos, pobladores originarios de esta y otras islas del Caribe.
Habiendo regresado desde España con más buques y hombres, Colón decidió instalarse más al este, ya en la costa norte de la actual República Dominicana, en donde fundó La Isabela en honor a la reina Isabel I de Castilla. Allí se construyeron edificios de piedra, una iglesia y un hospital que tiempo después también quedarían despoblados.
No fue hasta el 5 de agosto de 1496 que Bartolomé Colón fundó la Nueva Isabela en el sector sur de la isla, sobre el flanco oriental de la desembocadura del río Ozama –actual municipio de Santo Domingo Este, el más poblado del país–, en donde la nueva ciudad se desarrolló hasta que un huracán forzó su refundación al otro lado del río en 1502.
Bajo el gobierno de Nicolás de Ovando y sucesivamente de Diego Colón, hijo de Cristóbal, Santo Domingo empezó a desarrollarse y allí fueron construidos algunos de los espléndidos edificios que todavía son parte de la ciudad, en el sector que se luce por sus calles adoquinadas, museos y restaurantes.
Los monumentos de la Zona Colonial
Más allá de ofrecer algunas de las mejores playas del mundo, República Dominicana también se destaca por su riqueza cultural y arquitectónica, concentrada en el epicentro de la ciudad capital. En Santo Domingo se construyeron, por ejemplo, la Catedral Primada de América y el Alcázar de Colón, edificios únicos para su época.
Al recorrer las calles de la Zona Colonial es imposible no notar la característica combinación entre las edificaciones que remontan a su historia colonial con la naturaleza y su vida urbana moderna. Es por eso que este sector, el más antiguo de la ciudad, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1990 y se encuentra bajo un amplio proceso de remodelación para preservar su valor histórico.
“La antigua ciudad colonial es única”, sostiene Prudencio Ferdinand, guía del Ministerio de Turismo dominicano a cargo de un recorrido del que participó Rosario3, invitado por la aerolínea dominicana Arajet. Y describe: “Ciudades modernas las puedes encontrar en cualquier país, pero el patrimonio que tenemos aquí es único, pues hablamos de las primacías del Nuevo Mundo”.
“El turista que viene a esta ciudad viene a conocer un turismo alternativo, no el de sol y playa”, destacó el guía, que durante una caminata bajo el sol abrasador de principios del verano boreal compartió los detalles históricos de algunos de los puntos más emblemáticos del casco histórico de la ciudad.
La arquitectura del siglo XVI que todavía se sostiene en el casco antiguo de Santo Domingo, repleto de esos “soberbios monumentos” evocados en el poema de Ureña, puede apreciarse en edificaciones como la Fortaleza Ozama, la fortificación europea más antigua del Nuevo Mundo. Conformado por una serie de torres, túneles y calabozos, este fuerte se construyó sobre la desembocadura del río para poder controlar desde allí el ingreso a Santo Domingo.
A pocos metros de allí se encuentra el Parque de Colón, una de las plazas más importantes de la zona colonial, que sigue siendo un punto de encuentro cultural para los locales y frente al cual se observa la Catedral Primada, construida entre 1512 y 1540 con un estilo que combina estética gótica y renacentista.
La Calle Las Damas, la primera calle pavimentada de América, es otro de los paseos emblemáticos. Su historia dice que el nombre se escogió porque las damas de la virreina María de Toledo (esposa de Diego Colón) solían caminar por allí, y actualmente se destaca como una vía de paseo para observar gran parte de las construcciones más importantes de la época colonial.
Otro punto emblemático de la época colonial es la plaza España, en donde se encuentra la estatua de Nicolás Ovando, fundador de la ciudad. Flanqueando la plaza está el Alcázar de Colón, palacio de 55 habitaciones que fue construido en 1514 para que funcionara como la residencia oficial de Diego Colón, aunque allí también se hospedaron exploradores como Hernán Cortés. Quienes lo visitan hoy en día pueden ver una colección de muebles y obras de arte de aquella época.
Entre los edificios coloniales más importantes de la ciudad también se incluyen las ruinas del Monasterio de San Francisco; el antiguo Palacio del Gobernador General; el Panteón de la Patria, un antiguo edificio jesuita en el que yacen los restos de algunas de las personas más importantes de la ciudad; y la Iglesia del Convento Dominico, el primer convento en América.
Por fuera de la Zona Colonial, un atractivo imprescindible para quienes buscan llevarse una imagen que refleje el peso histórico de Santo Domingo es el Faro a Colón, un impresionante monumento que fue inaugurado en 1992, 500 años después de la llegada de los españoles a América. Se trata de un enorme edificio con forma de cruz y más de 200 metros de longitud que alberga el Museo de las Américas y, se dice, contiene los restos de Cristóbal Colón.
Para los turistas que se alojan en Punta Cana, trasladarse hasta Santo Domingo toma un tiempo de aproximadamente dos horas y media, y el trayecto puede realizarse en transporte público o contratando excursiones privadas que incluyan recorridos con guías oficiales del Ministerio de Turismo de República Dominicana, la opción ideal para quienes quieran conocer en profundidad la historia que prevalece en las calles de esta ciudad.