Tras conocerse la noticia, días atrás, del fallecimiento de cinco buzos italianos en Maldivas, en las últimas horas trascendieron los detalles que arrojaron las primeras investigaciones sobre cómo fueron las circunstancias. En lo más profundo del atolón de Vaavu, a unos 60 metros de profundidad, se esconde una cueva que no aparece en ninguna carta náutica oficial. La formación cuenta con tres cámaras unidas por pasillos muy angostos, sectores donde el techo apenas llega a 1,5 metros de altura y, en su punto más recóndito, un montículo de arena que desde el interior se mimetiza como si fuera una pared. Fue ahí donde perdieron la vida cinco buzos italianos el pasado jueves 15 de mayo, en lo que los investigadores locales ya consideran el peor accidente de buceo en la historia del país.
La principal hipótesis que manejan las autoridades de ambos países —y que avalan diversas fuentes— apunta a que el contingente perdió la orientación dentro de la caverna, se metió en un pasadizo sin salida pensando que era la ruta de retorno y se quedaron sin oxígeno antes de lograr revertir la equivocación.
De acuerdo a la reconstrucción brindada al diario La Repubblica por Laura Marroni, directora ejecutiva de DAN Europe —la entidad que coordinó el operativo de rescate de los restos—, la cueva inicia con una primera galería bastante espaciosa, iluminada y con suelo arenoso. Al fondo de este sector se conecta un corredor de casi 30 metros de longitud y tres de ancho que desemboca en una segunda cavidad circular, de grandes dimensiones y en absoluta oscuridad.
Entre este pasillo y la segunda cámara se interpone un banco de arena. Cruzarlo hacia el fondo no reviste mayores complejidades, pero al girar para emprender el regreso, el montículo adopta una perspectiva casi vertical que tapa el camino de salida. A mano izquierda se bifurca otro corredor de unas pocas decenas de metros de largo que no tiene salida. Fue exactamente ahí donde hallaron los cinco cuerpos. “No había salida desde allí”, detalló Marroni, agregando luego: “Si tomaron ese pasadizo por error, habría sido muy difícil volver, especialmente con el suministro limitado de aire.”
El grupo de buceadores llevaba tanques convencionales de circuito abierto, que es el equipamiento común y corriente para las salidas recreativas. Sin embargo, a una profundidad de 60 metros, no es el indicado.
“Estamos hablando de 10 minutos, quizás incluso menos”, puntualizó Marroni. En esa misma línea, describió la desesperación del momento: “Darse cuenta de que el camino es el equivocado y tener poco aire, quizás después de ir y venir, es aterrador. Entonces respirás rápido y la reserva disminuye”.
Ahora los peritos judiciales tendrán la tarea de determinar si las víctimas contaban con la mezcla de nitrox —que extiende el tiempo de permanencia subacuática en comparación con el aire tradicional— o si bajaron con simples tanques de recreación, como así también si disponían de suficientes linternas y del denominado “hilo de Ariadna”, la cuerda guía que resulta vital para orientarse en lugares con nula visibilidad. Al respecto, los especialistas en espeleobuceo finlandeses que extrajeron los cuerpos reportaron haber hallado dentro de la cueva pedazos de sogas de orientación cortadas.
Por otra parte, fuentes consultadas por el Corriere della Sera ventilaron que Montefalcone llevaba puesto un traje de neopreno corto, una vestimenta totalmente desaconsejada para una incursión a tanta profundidad en una caverna: no por las condiciones climáticas del agua —que marcaba 29 grados en la superficie y 26 en el fondo—, sino por la fisonomía del lugar, que presenta paredes irregulares y pasajes que se achican hasta el metro y medio de altura.
La abogada de la firma turística Albatross Top Boat fue categórica al respecto: “Que yo sepa, ninguno de los cinco tenía preparación específica para el buceo en cueva ni la certificación correspondiente”, sentenció en diálogo con el Corriere. Asimismo, despegó a la empresa del hecho al señalar: “Esta inmersión está fuera del programa autorizado por la Universidad de Génova y también fuera de nuestras capacidades como operador turístico”.
El grupo de víctimas estaba conformado por la docente de biología marina Monica Montefalcone, perteneciente a la Universidad de Génova; su hija, Giorgia Sommacal; el biólogo Federico Gualtieri; la científica Muriel Oddenino; y el instructor de la actividad Gianluca Benedetti, de 44 años.
Actualmente, la fiscalía de Roma abrió una causa bajo la carátula de homicidio culposo. En paralelo, la Justicia de Maldivas investiga las responsabilidades detrás de la autorización para que el contingente bajara hasta los 60 metros, considerando que las leyes locales prohíben superar el límite de los 30 metros de profundidad para lo que es el buceo netamente turístico.
Las tareas de recuperación de los cinco cuerpos se completaron entre el 14 y el 21 de mayo a cargo de un cuerpo de buzos tácticos finlandeses. Este equipo tuvo que ser convocado de urgencia. Tanto el material de buceo como los dispositivos electrónicos secuestrados, entre ellos varias cámaras GoPro, quedaron a resguardo de los peritos de la causa.